domingo, 10 de febrero de 2013

EL GOBIERNO PERMITE ESTAFAR A LOS ESCRITORES ESPAÑOLES


Los diputados desprecian a los escritores.

El parlamento desdeña las estafas editoriales, que impiden que la literatura española actual cuente en el mundo

A los políticos, los escritores no les importamos nada de nada.

Escribir en España no sólo es llorar, también es antieconómico.

Lista negra editorial de los escritores que pedimos que nos paguen.

Larra decía que “escribir en España es llorar”. Se puede añadir que España opta oficialmente por no hacer negocio con la segunda industria editorial más poderosa del  mundo. En Barcelona sobre todo, se editan muchos títulos y bastantes volúmenes, pero las leyes están arregladas para que las editoriales no tengan obligación de pagar a sus escritores españoles. Pero a los escritores no nos permiten sobrevivir de nuestro trabajo y el gobierno no cobra los impuestos que debería cobrar con una industria tan extensa. Todo el mundo en Barcelona, periodistas incluidos, saben que las editoriales se quedan con el dinero de sus autores españoles, pero nadie critica porque gran parte de los medios PERTENECEN A EDITORIALES. Se ha creado un círculo vicioso por el que los escritores españoles tenemos que aceptar ser estafados para poder publicar y, si reclamamos nuestro dinero, se nos inscribe en una LISTA NEGRA EDITORIAL y ya no existe la menor posibilidad de volver a publicar.

Hace siete años que no porque, porque decidí no publicar más con la estafadora Roca Editorial (que me había defraudado más de 125.000 euros por cuatro novelas) y después no ha querido contratarme ninguna otra, aunque tengo nuevo novelas publicables de inmediato, unos cien relatos cortos, poemas, versos, teatro y demás.. A pesar de ese silencio editorial, aún me escriben aficionados para pedirme consejo; respondo siempre que se busquen editoriales FUERA DE ESPAÑA

Con el consentimiento pleno del Gobierno, el Parlamento, los diputados, las autoridades y los partidos políticos, en España sólo pagan una pequeña fracción de los derechos de propiedad intelectual; es decir, la mayoría de las editoriales fingen pagar los derechos, pero calculando las liquidaciones en base a los movimientos con los distribuidores, y consignan “devoluciones” imposibles de libros (las devoluciones provisionales de los distribuidores), porque liquidan lo contratado solamente sobre la base de un 30% del P.V.P. del libro.

Muchas de las liquidaciones que me hizo Roca Editorial presentaban saldo NEGATIVO PARA MI; o sea, que YO TENÍA QUE PAGAR A ROCA, habiendo vendido más de 2.000 ejemplares según esa liquidación en concreto.  Los contratos no prevén alguna posibilidad de esa clase.

De todo lo que se habla en los contratos es del porcentaje que le corresponde al escritor del precio de venta el público de su libro, que para eso va impreso tal precio en la portada.

 Esta situación es posible porque la ley española de propiedad intelectual es gravemente defectuosa; entre otras extravagancias, no considera delito que las editoriales incumplan sus contratos. Si un escritor estafado como yo decide denunciar a la editorial, sólo conseguiría que un juez dictaminara un juicio de faltas, donde la editorial sólo podría ser castigada a pagar una multa y JAMÁS a DEVOLVER LO ROBADO AL ESCRITOR.

Sé que algunos escritores españoles se permiten exigir a su editorial registras el contrato en una notaría, lo que ofrece algunas garantías de cobrar. De otro modo, no hay tutía. Y hay de ti si exiges a la editorial ir al notario; te mandará a tomar por el culo.



Quienes publicamos en España cobramos en realidad MENOS DEL 3% DEL PRECIO DEL LIBRO, es decir MENOS DE LA TERCERA PARTE DE LO QUE NOS PERTENECE. Al menos, es lo que ha hecho conmigo ROCA EDITORIAL.

El gobierno y todas las instituciones lo permiten. Debe de ser porque los escritores NO SOMOS ELECTORALMENTE SIGNIFICATIVOS. Somos muy pocos y los diputados no consideran que deben hacernos caso, AUNQUE LA LITERATURA ESPAÑOLA SE HAYA VUELTO INSIGNIFICANTE A ESCALA MUNDIAL.

sábado, 9 de febrero de 2013

Cómo evitar la angustia del folio en blanco.

La angustia del folio en blanco. 

Mi paisano Picasso afirmaba: “La inspiración siempre me pilla trabajando”.

Esta verdad es fácil de descubrir por uno mismo, como explicaré en las tres charlas que pronunciaré próximamente en el ATENEO DE MÁLAGA.. 

De momento, podemos experimentar con el siguiente ejercicio:

1-Abordar el teclado sin pensamiento alguno, porque sí, sin haber meditado sobre nada ni haber decidido nudos ni secuencias. A ver qué pasa.

2-Pensar unos momentos en lo que se desea contar, esbozando las situaciones y los personajes. Tratar de imaginar unos escenarios, personajes, personalidades, caracteres, conflictos. Tomar una decisión y elegir el camino.
Al comenzar a escribir, las palabras brotarán solas. Habrá llegado la inspiración... y nos habrá pillado trabajando, como a Picasso.

viernes, 8 de febrero de 2013

EL SUICIDIO DE MÁLAGA. 1 La arqueología


Acabo de enterarme de que tenemos en Málaga un “parque arqueológico prehistórico”. Lo he sabido navegando por internet, y me he llevado una alegría imponente. Pero…

Como Antonio Machado, “he andado muchos caminos”, y en pocos sitios he visto una población más apocada y autodestructiva que la malagueña.
Empezando por el mito de un “desarrollo industrial” del siglo XIX y acabando por la sílaba “tech” añadida a unas cuantas “iniciativas” que nunca se concretan en realidades prácticas, me parece que no hay en el mundo una población más autoestafada que la malagueña. Auto engaño que produce una distorsión capaz de engendrar monstruos.

LA CATEDRAL NO DEBE TERMINARSE, PORQUE SIEMPRE LA HE VISTO ASÍ. Este fue el “razonamiento” de unas señoras del Paseo de Sancha, que se oponían a la continuación de la obra de la catedral. Una catedral de difícil clasificación, pero que sería espectacular terminada, con su altura tan infrecuente, sus seis torres, sus cúpulas, sus estatuas, sus hornacinas ocupadas y su espadaña barroca. La catedral a medio construir (que ya se cae a cachos) es una metáfora indigesta del proceder autodestructivo de este pueblo que se ha ganado a pulso el prejuicio “malagueño es el peine pa que no peine”. Para mayor intríngulis, una caterva de “intelectuales” se empeña en desmentir el muy probable asunto de la obra interrumpida por la guerra contra los ingleses en Florida. Yerran quienes busquen en los archivos del cabildo una partida denominada algo así como “donativo para independencia de los Estados Unidos”; se empecinan en ignorar la influencia poderosísima de Ana de Zayas (ex virreina de México y madrastra de Bernardo de Gálvez) en la iglesia malagueña de 1770.

EMBOVEDADO DEL GUADALMEDINA.
Más de 150 años de experiencia en grandes ciudades ribereñas del Mediterráneo no le bastan a Málaga para ver con claridad que necesita una integradora gran avenida/paseo en el lugar que hoy ocupa el funesto y horroroso torrente del Guadalmedina. Todavía discutimos sobre si embovedarlo sí o no, cuando ya en 1968 Ángel Herrera Oria clamaba “¡Tapad el Guadalmedina! Como estudiamos muy poco nuestra propia historia, apenas recordamos que hace más de 300 años que la ciudad suplica librarse de esa lacra en la mitad del medio del meollo urbano. Lo último, un concurso manipulado por la fuerza que lleva 32 años bloqueando, combatiendo y entorpeciendo el progreso de Málaga; el concurso estaba convocado por una institución supuestamente neutral, de la que forman parte varias instituciones, pero que es mangoneada a machamartillo por quienes han demostrado de sobra no querernos ni en pintura. Aunque a muchos no nos sorprendió, el resultado del concurso expresó muy claramente lo que ocurría. Fue premiado un arquitecto “empleado oficioso” del poder convocante (autor de varios desaguisados en Málaga), quien presentó un proyecto que obedecía las imposiciones políticas de ese poder, igual que hacían TODOS LOS PROYECTOS FINALISTAS. Lo que de ninguna manera era una desagradable casualidad; la imposición de normas no incluidas en las bases, el engaño sobre la supuesta “idoneidad” de una obra con muchos más inconvenientes que ventajas y el premio otorgado de antemano, la población malagueña se los tragó según parece. Lo que no elimina que la ciudad tendrá que conseguir su gran avenida/paseo central algún día. 

VIDA CULTURAL
Los que ya le vemos el culo a la parca, recordamos cuánto nos costó que hubiera universidad en Málaga, sobre todo por la oposición ACTIVA de Sevilla y Granada. Hoy todo el mundo tiene universidad, hasta pueblecitos insignificantes, pero hace cuarenta años Sevilla consideraba que la quinta ciudad más poblada de España no debía tenerla, porque a ella le quitaría una parte de su negocio. Costó el ciento y la madre que se fundara en 1972 la Universidad de Málaga. A partir de ese día, nos las prometíamos muy felices; encontraríamos muy pronto el camino para borrar lo de “las mil tabernas”… Pero menos de una década más tarde, la universidad de Málaga cayó bajo la férula de los que habían sido sus mayores enemigos. Desde entonces, no han parado de minimizarla mediante presupuestos injustos y marginadores, y nombramientos inconvenientes. Quintacolumnistas. Igual que en la alcaldía, el poder dominante no quiere malagueños en el rectorado; se nos hace tragar una directora procedente de un recóndito rincón de Castilla a quien nada le duele Málaga ni los malagueños. Se nos engaña con otro etéreo proyecto “tech” sin resultados prácticos y no mueven EN ABSOLUTO ninguno de los resortes indispensables.
UNO es el conocimiento de nosotros mismos. Hay ya más de generación y media de jóvenes que apenas saben quiénes somos ni cómo no las valemos. Un expresivo ejemplo: hace varias semanas, y  bajo la noticia de la inauguración del Hotel Plaza del Castillo, un joven escribió el comentario siguiente: “venga inaugurar hoteles, en vez luchar contra el paro ”(¡)
OTRO es el enojoso asunto de la arqueología. Dentro del municipio y aun dentro de la ciudad contamos con importantes puntos que merecen investigarlos a fondo. El Cerro de la Tortuga puede depararnos enormes sorpresas. El Cerro del Villar, hace años que mantiene oculta bajo plásticos y sembrados la mayor y mejor conservada ciudad fenicia de España y probablemente de Europa. La ladera oeste de la Alcazaba presenta todavía demasiados enigmas arqueológicos, como la zona de factorías de salazones y garum, comprendida entre el teatro romano y calle Beatas. Y la muralla fenicio/romana, de la que se exhibe un interesante paño en el propio rectorado, continúa enterrada a través del banco de España y el ayuntamiento, más las dos calles intermedias, sin que caten siquiera los suelos.
Pero, al parecer, lo más interesante desde la perspectiva antropológica son los acantilados y cavernas de la Araña y alrededores. Así se desprende de las fotos y textos de una página web que he encontrado esta mañana por casualidad. Con un encabezado que alude un inmaterial “Parque arqueológico de Málaga”, da la tristísima impresión de que a las personas que realizan las prospecciones no se les dota ni mínimamente. La página es la siguiente:


miércoles, 6 de febrero de 2013

CUENTOS DE MI BIOGRAFÍA


El titulado "MANGLARES", que podéis leer a continuación, es el que más trabajo me ha costado escribir hasta ahora

martes, 5 de febrero de 2013

MANGLARES. Nuevo "Cuentos de mi biografía".


 

Cuentos de mi biografía
15 – MANGLARES

Nunca había visto paisajes más bellos ni más multicolores; muchos rincones venezolanos me parecían únicos, al menos nunca los había visto parecidos; algunos de los bosques que ellos llamaban “selva” eran extraordinarios, con ejemplares increíbles de árboles y plantas; había numerosas variedades de orquídeas maravillosas; el clima de la costa era tropical caluroso, pero el de Caracas era como si tuviera aire acondicionado de hotel de lujo. Todo el país presentaba una gama interminable de colores, pero al volver para comenzar a vivir permanentemente en Venezuela mi ánimo se volvió de color petróleo.

Para aquellas personas que tan fastuosamente me habían atendido durante mi visita “turística”, ahora no se trataba ya de atender a un visitante que pronto se iría. Yo no constituía una novedad y había dejado de estar revestido con el halo del exotismo improbable. Me enfrentaba a la vida real, a partir de ahora no pasaría días tras día y semana tras semana en maravillosas excursiones en yate ni en travesías en jeep por la selva, amparado por los mimos y la solicitud de cuatro o cinco personas. Que siempre habían sido hombres. La gelidez de la nieve negra de Nueva York ya no traspasaba mis mocasines, pero encontraba una frialdad imprevista en el trato de la gente que pocos días antes me obsequiaba y halagaba como a un rey. 

Fue como caer de una nube. Durante mi mes de turista, me habían impresionado tanto Chichiriviche y los manglares de Barlovento y Chirimena, que deseaba regresar cuanto antes a uno de esos sitios. Sentía enormes deseos de volver a navegar en lancha por los canales, bajo el estrepitoso toldo multicolor de las bandadas de loros y cotorras. Me habían dicho que pasaban de doscientas las especies de loros existentes en el país, y yo creía haberlas visto todas durante el fabuloso mes de visitante. Bandadas que teñían el cielo de rojo; bandadas que volvían azul metálico el firmamento. Bandadas tan nutridas, que ocultaban el sol. Esas aves de todos los colores eran las verdaderas amas de extensos parajes venezolanos.

Ante mi solicitud de una nueva excursión, Pepe me respondió que tendría que esperar a valerme por mí mismo:

-Cuando trabajes y puedas comprarte un carro o alquilarlo, podrás ir por tus propios medios.

Habían terminado mis privilegios de visitante provisional. Hasta noté que modificaban sus expresiones. No percibía curiosidad en sus miradas ni el entusiasta propósito de complacerme. Mi relación con ellos había dejado de ser provisional, pues me había convertido en un inmigrante más que, tal vez, podría ser competidor en algún sentido. La expresión que más había mudado era la del misterioso Fraga, que se había vuelto elusiva, como si existiera alguna cuenta pendiente entre los dos que a él le hiciera avergonzarse; tardé en comprender que él era un intruso en las prerrogativas de los otros tres y me veía como un competidor que pudiera disputarle el puesto o hacer resaltar demasiado su intrusión.

Pasé varios días sintiendo una incomodidad que no sabía explicarme. Aquellas personas que habían sido parte fundamental de mi decisión de abandonar Nueva York y volver, resultaba ahora que no debía contar con ellas. Que no podía contar con ellas. Caracas era una ciudad tan difícil como todas las demás, no era lo que me había parecido durante mis frías dificultades de Nueva York, la especie de “fuente de la eterna juventud” y “paraíso soñado” en pos de los cuales había regresado. Había sufrido un espejismo, fruto de mi entonces ignorada necesidad de tener a quien amar y en quien confiar; yo no era consciente entonces de lo que me estaba perdiendo: los placeres de juventud, el amor, la compañía, la solidaridad… Ahora, tantos años después, reconozco que abandoné Nueva York, donde dispuse del privilegio legal que millones de hispanoamericanos soñaban, y regresé a Caracas por la belleza de los manglares pero mucho más por la belleza de compartir mi vida con otra gente.

Pepe y su padre vivían en un piso pequeño para los usos sudamericanos, donde hallan inconcebibles los espacios donde moramos los europeos. Se trataba de una vivienda pequeña según los estándares, pero mi habitación era la más grande que había ocupado en ningún sitio. El dormitorio de Pepe no estaba demasiado cerca y aun quedaba en el medio una habitación que usaban como almacén. Debo confesar que sufrí episodios de insomnio la primera noche, alerta por la expectativa de que Pepe pudiera entrar en mi cuarto en el momento más inesperado. Pero no ocurrió. El insomnio me martirizó varias noches más, por no haber esperado lo inesperado en el retorno al paraíso gozado un mes. La mañana siguiente, me desperté ojeroso; el padre me ofreció un café, al tiempo que me decía:

-Aunque te parezca mentira, hay una churrería aquí al lado.

No me hacía falta nada más para interpretar que tendría que desayunar por mis medios. Pero a causa de mi decepcionante impresión de regreso, estaba desenfocándolo todo, porque al regresar de desayunar unos churros rarísimos, encontré a Pepe comiendo una arepa; se apresuró a preguntarme:

-¿Dónde habías ido? Te hemos esperado para desayunar, pero ya no podía demorarme más, porque es la hora de trabajar.

Pepe era barbero. Tenía un local pequeñito, con solo un sillón; sin embargo, el sofá de la espera estaba siempre ocupado por dos o tres hombres. Sorprendentemente, Pepe no paraba ni un momento durante todo el día y siempre tenía que prolongar su jornada por algún rezagado que se lo rogaba. Me pareció comprender por qué se entrenaba tanto en el gimnasio de pesas; nadie que no fuera tan fuerte como él podía resistir tantas horas de pie, sin cansarse.

-No me canso en absoluto –respondió cuando le pregunté.

-Claro, tienes muslos de elefante…

Pepe me miró con lo que pareció brevemente enfado. Pero esa noche y los siguientes dos o tres días me di cuenta de que se exhibía a todas horas en calzoncillos o bañador, dejando ver sus muslos. No se había enfadado, pero tardé todavía algunas semanas en comprender lo que significaba en realidad aquella mirada tan intensa.

Actualmente, me resta muy poco tiempo; no he comprendido hasta ahora cuánto me he perdido, cuánto he rechazado el amor, cuántas personas me han amado sin que yo les abriera la puerta. Pepe no encajaba ni de lejos en lo que yo pudiera considerar adecuado o accesible para mí. De ningún modo podía creer que alguien de sus características físicas pudiera amarme o, por lo menos, desearme. Evitaba mirarlo de modo contemplativo; en realidad, lo miraba muy poco, sobre todo cuando iba del baño a su dormitorio sin cubrirse, sin ninguna clase de pudor. Pero lo que había visto ya era suficiente para considerar que su cuerpo era lo más cercano a la perfección de las estatuas que estudié en Italia. Y su cara era también hermosa, a su manera intensamente viril. Nadie con tales características podía estar al alcance de mis deseos. Nadie así podía amarme.

Toda mi vida he creído que no merecía recibir regalos, ni elogios ni concesiones. Mis padres se empeñaron de niño en hacerme creer que sólo pagando conseguiría placeres y gestos de amor. Enseñanza que he seguido fielmente durante toda mi vida. Nunca he consentido que me amen. Nunca.

Siempre he rechazado, a causa de creerme siempre tan rechazado. No tenía nada que esperar en Venezuela, tampoco en Venezuela. ¿Me había equivocado en Brasil con Xico, exagerando el miedo a la Umbanda? ¿Había cometido un acto de inconsciencia absurdo, apartando a Xico de mí?

Era demasiado improbable que pudiera dar de nuevo con alguien como Xico. Desde los enfoques de mis prejuicios, la sospechada devoción de Pepe tenía algo de ilegítimo, como si al intenta seducirme, procurase una relación pedófila; lo cual era un disparate, puesto que yo tenía veintiocho años y aunque él me pareciera mayor, no pasaba de los treinta y cinco.

Pero tuve que aplazar tales ideas y temores, porque mi única preocupación debía consistir en  conseguir un empleo. Sólo cinco semanas antes, había rechazado el empleo que me ofreciera el director creativo de J. Walter Thompson, porque por aquellos días no tenía el menor propósito de permanecer en Venezuela. Ahora, ¿podía ir a pedirle que me ofreciera de nuevo trabajo? ¿No había detectado en aquel hombre la evidencia de un deseo ilícito, como el que yo le atribuía a Pepe sin razones consistentes?

Sabía ya que nadie en otros países se carga de tantas culpas como nos cargamos los españoles, por la influencia atroz de enseñanzas religiosas muy ignorantes. En los trópicos, y en general en toda Hispanoamérica, los hombres no tienen reparos en proporcionar placer a algún amigo que se lo solicite, y nadie elude con firmeza tales ocasiones. Yo, sin embargo, no había conseguido desatar las ligaduras mentales que me habían impuesto en España, aunque llevaba más de cinco años viviendo en otros lugares. Mi vida ha sido así siempre, hasta ahora: una incansable negación de mí mismo; una renuncia masoquista y obcecada a cuanto me pueda complacer.

En Río de Janeiro, y también en Buenos Aires, había experimentado muchas veces la sorpresa de que, al cruzar brevemente la mirada con un hombre que estaba acompañado de su mujer o su novia, viniera un poco después tal hombre a proponerme una cita. A pesar de ello, persistía en el empeño de reprenderme y hasta martirizarme a mí mismo. ¿Podría rendirme al deseo alguna vez? ¿Podía sugerir al director creativo de J. Walter Thompson que iba a corresponderle, a fin de conseguir el empleo?

No, no podía. Todos los rincones de mi conciencia y todas las moléculas de mi cuerpo me lo impedirían.

Decidí dejar para más adelante la posibilidad de volver a J. Walter Thompson y me afané presentándome en todas las agencias publicitarias caraqueñas que tuvieran alguna importancia. A despecho de mis angustias, noté en seguida que un par de agencias iban a llamarme para contratarme. No afirmaron nada, pero al reflexionar al fin del día, saqué esa conclusión, que no me produjo júbilo.

Porque durante ese día había visto y presentido lo suficiente como para que el alerta molecular de mi cuerpo se pusiera al rojo vivo. Las personas que me habían entrevistado, las que había visto en los cafés, dos tipos que había a mi lado ante el mostrador de una arepera, Pepe durante el almuerzo… Con tanto como necesitaba un empleo con urgencia, los arneses paralizantes que me había puesto mi “educación” española comenzaron a ahogarme en cuanto me acosté. Entre duermevelas y pesadillas, y a despecho de llevar ya casi siete años considerándome ateo, un río de culpa como lava se deslizaba abrasadoramente por mi pecho.

No iba a ser capaz de vivir en Venezuela bajo esa tortura. Pero después del mes turístico, el intento en Nueva York y los tres pasajes de avión, no me quedaba apenas dinero. Creo que conservaba sólo unos ochenta dólares.

Estaba obligado a romper mis ataduras o, por lo menos, librarme brevemente de ellas a fin de echar a andar en Caracas.

¿Conseguiría trabajar antes de verme obligado a confesar mi ruina a Pepe y su padre?

lunes, 4 de febrero de 2013

NADIE PODRÍA ESCRIBIR “HARRY POTTER” EN ESPAÑA.


Llevo siete años sin publicar, en parte voluntariamente. Pero todavía me siguen escribiendo para encomiarme o, sobre todo, para preguntar por mis libros o consultarme sobre el oficio de escritor.
A todo el que me habla de su vocación literaria, le aconsejo que trate de contactar con editoriales en español de Miami o Londres, porque en España no pagan los derechos de propiedad intelectual; es decir, la mayoría de las editoriales de Barcelona fingen pagar los derechos, pero calculando las liquidaciones en base a los movimientos con los distribuidores, y consignan “devoluciones” imposibles de libros (en realidad, las devoluciones provisionales de los distribuidores), porque liquidan lo contratado solamente sobre la base de un 30% del P.V.P. del libro. 

Algunas de las liquidaciones que me hizo Roca Editorial presentaban saldo NEGATIVO PARA MI; o sea, que YO TENÍA QUE PAGAR, habiendo vendido más de 2.000 ejemplares de ese libro en concreto.  Los contratos no hablan de ninguna posibilidad de esa clase. De todo lo que se habla en los contratos es del porcentaje que le corresponde al escritor del precio de venta el público de su libro, que para eso lleva impreso tal precio en la portada. Esta situación es posible porque la ley española de propiedad intelectual es gravemente defectuosa; entre otras lindezas, no considera delito que las editoriales incumplan sus contratos. Si un escritor estafado como yo decide denunciar a la editorial, sólo conseguiría que un juez dictaminara un juicio de faltas, donde la editorial sólo podría ser castigada a pagar una multa y JAMÁS a DEVOLVER LO ROBADO AL ESCRITOR.

En estos siete años de agonía, porque Roca Editorial debe de haberme robado unos 125.000 euros de mis derechos de propiedad intelectual (y me veo obligado a sobrevivir con 500 euros de pensión), he recurrido a la policía, Moncloa, La Zarzuela, el ministro de industria, el defensor del pueblo, el parlamento, todos los parlamentarios, la generalitat y el defensor del pueblo europeo. Los pocos que me respondieron indicaron “denuncie usted”, cuando todas esas personas deberían saber que los escritores, SEGÚN LA LEY ESPAÑOLA, no tenemos derechos legales. AL DENUNCIAR, SOLAMENTE PERDEMOS... LOS COSTOS DE LOS PROCESOS, QUE YA SABEMOS LO MUCHO QUE SUMAN.

POR CONSIGUIENTE, salvo dos o tres escritores que amarran muy bien sus derechos mediante registros notariales y demás, quienes publicamos en España cobramos en realidad MENOS DEL 3% DEL PRECIO DEL LIBRO, es decir MENOS DE LA TERCERA PARTE DE LO QUE NOS PERTENECE. Por consiguiente, nadie podría financiarse dos o tres años de investigación, estudio, composición y demás como para producir obras muy trabajadas como Harry Potter, el inefable Código, “El señor de los anillos” o “Los pilares de la tierra”.

Llama la atención que algunos escritores españoles muy consagrados, se vean a obligados a escribir artículos en los periódicos para sobrevivir. ES QUE SEGÚN LA LEY ESPAÑOLA DE PROPIEDAD INTELECTUAL, NO PUEDEN EXISTIR ESCRITORES PROFESIONALES EN ESPAÑA. ES DECIR, ESCRITORES QUE PUEDAN DEDICARSE EXCLUSIVAMENTE A ESCRIBIR, QUE ES LA ÚNICA FORMA DE PROFESIONALIZARSE.

Para expresarlo con la cruda realidad, yo gasté en la preparación de “Los pergaminos cátaros” más del cuádruple de lo que Roca Editorial me pagó en total por este libro. Viajé extensamente por el Languedoc y el Valle de Arán, leí más de 30 libros, consulté a las facultades de historia de Francia y Bulgaria, etc. Etc. Si tuviera que escribir de nuevo algo de ese tipo, y contando con la estafa permanente de las editoriales españolas en general, de ninguna manera dedicaría año y medio de mi tiempo y tantos medios y dinero a prepararlo.

domingo, 3 de febrero de 2013

TRES CHARLAS SOBRE MI OFICIO DE NOVELISTA


ATENEO DE MÁLAGA

En abril.

CURSILLO  

EL OFICIO DE NOVELISTA.

Tres charlas en las que contaré los trucos lícitos de mis profesiones de creativo publicitario y guionista de TV, aplicados a la escritura de novelas.

Serán charlas amenas, trufadas de anécdotas y humor, y nada técnicas, porque se trata tan sólo de contar mis experiencias personales.

Eludiré caer en la retórica inútil.