viernes, 18 de noviembre de 2011

La desbandá de Málaga. TODOS FUERON CULPABLES



Queipo de Llano, el más soez de los generales que registra la Historia de España, llevaba varios días advirtiéndolo en sus homilías guerreras de cada noche: “Ya me tomé un jerez y voy a tomarme un málaga”.
De manera más o menos directa, el militar que todos aseguran que se emborrachaba antes de ponerse al micrófono trató de convencer a los malagueños de que no tenían nada que temer de las tropas “nacionales”, pero también de que si alguien consideraba que sí, podía escapar hacia donde iba a replegarse del gobierno republicano, Motril.
La fatalidad que históricamente se alía contra los malagueños hizo coincidir varias desgracias en el tiempo: 1- La población de Málaga casi se había duplicado; todos los portales eran remedos del portal de Belén, porque en todos se había aposentado una familia de fugitivos que dormían hacinados, padres, madres, hijos y animales de granja. 2- Todo el mundo tenía algo que temer de un ejército formado en gran parte por mehalas cuya única motivación bélica era el botín que podían obtener; de todas partes llegaban oleadas de fugitivos asegurando que “vienen los moros cortando cabezas”.
3- Los primeros días de febrero, todos los torrentes de la vega de Motril se habían desbordado; la inundación impedía el paso y mucho más a una muchedumbre famélica y desesperada que, probablemente, sumaba trescientas mil personas.

CÁLCULOS CONSERVADORES.
Últimamente, vemos que medios de información que pretende presentarse como objetivos y mesurados convierten cien mil en “varios miles” y mil en “unas decenas”. De igual modo, nuestros “intelectuales” de Málaga, tratando de presentarse también ponderados y mesurados, hablan de que aquella noche del 7 de febrero de 1937 huyeron de Málaga “unos cien mil malagueños”. La frase contiene dos falsedades; sin duda eran muchísimos más y sólo eran malagueños en un cincuenta por ciento. Los ya citados medios “objetivos” utilizan la cuadriculación para sus cálculos de asistentes a manifestaciones; si calculan que la superficie ocupada por la manifestación alcanza cincuenta mil metros cuadrados, multiplican ese número por cuatro para calcular que habría unos doscientos mil manifestantes. Si aceptásemos el mismo procedimiento y calculamos que Málaga podía ocupar en 1937 unos doscientos kilómetros cuadrados, podríamos llegar a la conclusión de que aquella noche había cuarenta millones de malagueños huyendo en desbandada. Como nunca hubo ese número de malagueños, el ponderado sistema cae por su base en este caso.
La primera semana de febrero de 1937 había casi tantos refugiados malviviendo en las calles de Málaga como pobladores censados. Es decir, 190.000 por dos, unos trescientos ochenta mil.
Según las desoladoras fotos que han llegado hasta nosotros de las “entusiastas bienvenidas” de la población a las “tropas nacionales” (que eran todas italianas, al mando del íntimo de Mussolini, Roatta), no parece que permanecieran más que unos cincuenta mil malagueños en la ciudad. Porque los refugiados en las calles de Málaga procedían de Loja, Puente Genil, Estepa, Ronda, Campo de Gibraltar y otras zonas aledañas.

EL PACTO DEL SILENCIO
Desde el 17 de julio de 1936, Málaga había sufrido 206 bombardeos de Guernica. Todas las noches llegaban de Melilla o Granada aquellos fatídicos nueve aviones a arrasar la ciudad. Lo que aquí padecimos es cien veces peor de lo que padeció Guernica. Sin embargo, la ciudad vasca se convirtió en un icono mundial sobre los males de la guerra mientras que nosotros hemos estado a punto de morirnos en la ignorancia de nuestra tragedia. ¿Por qué? Sencillamente, porque republicanos y “nacionales” fueron conscientes desde el principio de que habían cometido en Málaga atrocidades incalificables. AMBOS. Primero, en noviembre de 1936, el socialista Largo Caballero le había negado a nuestro diputado Cayetano Bolívar toda posibilidad de entregar “ni un fusil ni una bala más a Málaga”. En un mapa de los frentes, resultaba patente que mantener a Málaga en territorio republicano alargaba la línea de fuego en unos doscientos kilómetros; con toda probabilidad, el “inteligente” jefe de gobierno socialista había decidido entregar un gambito. Por otro lado, Franco (que el 5 de febrero se reunió con Queipo de Llano en Antequera, para ver cómo evitar que Málaga fuese tomada por el ejército italiano) estaba convencido de que la fuerza ofensiva de Málaga era incomparablemente superior a la real. De manera que la estrategia “nacional” fue lanzar contra Málaga CUATRO columnas simultáneamente: Marbella, Monda, Venta de Zafarraya y Colmenar. Había que atrapar y masacrar a la población que ellos creían armada hasta los dientes.

Lo ocurrido durante la noche del 7 al 8 de febrero de 1937 es la suma de todas esas fatalidades. Ninguno de los dos bandos tenía nada que reprocharse entre sí y, por lo tanto, nunca lo hicieron. Ni los más encendidos inventos franquistas mencionan la masacre. Pero tampoco los inventos necrófagos republicanos, como el que ahora ha protagonizado una institución local, en aras de esa solemne estupidez de la “memoria histórica”. Ninguna manipulación puede presumir de ser memoria ni historia que, como sabemos, son lo mismo y, por lo tanto, es redundante e inculto hablar de “memoria histórica”. No existe memoria escrita de la desbandá de Málaga (ni parcial ni general y sólo algunas alusiones, como la de “Madre Coraje”) y yo tuve que acudir a fuentes extranjeras para documentar mi novela “La desbandá”, porque lo del 7 de febrero de 1937 fue una desgracia que todavía causa vergüenza a ambos lados de la divisoria de esa España bipolar que ZP se ha empeñado en resucitar.

martes, 15 de noviembre de 2011

CÁTAROS EXTERMINADOS POR LA IGLESIA CATÓLICA

El paso del tiempo no hace más que aumentar la fascinación que ejercen los cátaros sobre nuestras mentes descreídas y escépticas. Hasta no hace mucho tiempo, y principalmente durante el siglo XIX, esa fascinación se basaba en el misterio que envolvía a un supuesto tesoro escondido cuyo valor se creía fabuloso, opulento, desmesurado, aunque había también quien le atribuía importancia meramente simbólica pero de una naturaleza tal, que haría no sólo tambalear los cimientos de la doctrina cristiana, sino que anularía de raíz sus fundamentos dogmáticos. Creencia esta última basada en peripecias reales sumamente desconcertantes y rodeadas de sombras muy espesas, nunca despejadas por quienes debieran hacerlo en defensa de sus intereses pastorales. Tal es el caso del estrafalario cura Berenguer Saunière, quien habría encontrado importantes documentos cátaros durante unas obras en su pequeña parroquia de Rennes-le-Château, ocultos en un pilar del altar mayor, con los que se afirma que pudo extorsionar a la Iglesia romana durante el resto de su vida. Hasta el día del hallazgo Saunière era un presbítero tan pobre, que se veía obligado a pescar y cazar por los alrededores de su pueblo para poder comer modestamente. De que había extraños manuscritos en ese pilar no cabe ninguna duda, porque todavía en 1958 sobrevivían dos de los albañiles que fueron testigos del descubrimiento. Según los hechos objetivos, es incuestionable que, a continuación de tales obras, Berenguer Saunière amasó una fortuna impresionante, cuyo origen se ignora y nadie ha conseguido explicarlo de manera satisfactoria; fortuna que le permitió convertir su parroquia en uno de los más risibles monumentos al mal gusto de cuantos abundan por el mundo. Consagrada la iglesia a María Magdalena, su pila bautismal se sostiene sobre una monstruosa figura de Satanás y en el sardinel de la entrada hizo tallar Saunière la leyenda “Terribilis est locus iste” (Este lugar es terrible). Cualquier autoridad religiosa que sea preguntada por la fortuna, los dispendios para organizar fiestas cortesanas supuestamente “culturales”, las grotescas locuras decorativas y, sobre todo, el desconcertante consentimiento eclesiástico y la tolerancia jerárquica ante las extravagancias de este sacerdote decimonónico, escurrirá el bulto de un modo vergonzante. En la actualidad, y cuanto más riguroso va siendo el trabajo de los historiadores que investigan el fenómeno cátaro, nuestra fascinación por los llamados “hombres buenos” ha ido derivando del brillo de un oro improbable hacia el fulgor de conductas muy difíciles de comprender, que sin dejar de conmover los sentimientos e inclinarnos casi al llanto, nos causan más perplejidad que admiración.Sencillos, ascéticos y pobres de solemnidad, concitaron lealtades tan inquebrantables que, contempladas a la distancia de ocho siglos, resultan conmovedoras cuando uno supera el pasmo y la incredulidad. Los cátaros y quienes les amaban de manera heroica resistieron cien años frente a los poderes más despiadados y avasalladores de su época. No eran muchos, vivían con austeridad espartana, no amontonaban riquezas ni disponían de ejército, pero convulsionaron de tal modo el mundo de los siglos XII y XIII, que se alzaron contra ellos todas las tempestades y demonios del miedo y el terror. Los persiguieron, vituperaron, quemaron y masacraron, e inventaron las perversiones más inconcebibles para justificar la seña con que los persiguieron. Para ellos se abrió la caja de Pandora que representó la crudelísima frase “matadlos a todos, que Dios reconocerá a los suyos”. En su contra, alcanzó la canonización Domingo de Guzmán con su Orden de Predicadores (dominicos). Contra ellos se celebraron concilios y se organizó la única cruzada que tuvo a Europa por escenario, y para exterminarlos inventó la Iglesia romana la Inquisición.

¿En qué consistía la fuerza verdadera de los cátaros?

¿Por qué les amaron tanto sus amigos?

¿Por qué inspiraban tanto pánico a sus enemigos?




El Cobre y Circulo de Lectores.

En venta desde diciembre de 2007

jueves, 10 de noviembre de 2011

VENID, FOLIOS EN BLANCO



Sartre decía que “Incluso la Historia se puede modificar. Los historiadores lo hacen a diario”. Tristemente, los recursos extraescolares para enterarse de historia (literatura, cine, etc), nos enseñan a los españoles los avatares de Estados Unidos e Inglaterra y muy poco de los nuestros. Además, se nos habla de reyes e instituciones, y casi nada de la gente. Por ejemplo, de Enrique VIII sabemos que era un pichabrava, pero no sabemos casi nada del siglo XVI inglés.
Soy un novelista con once obras publicadas, casi todas muy fantasiosas. Podría dictar cursos de cómo abordar eficientemente la escritura, pero curiosamente, profesores de Historia me piden de vez en cuando charlas o artículos sobre esta asignatura. Supongo que se deberá a mis novelas “Cal viva” o “La desbandá”, que son dramas escenificados en dos hechos históricos catastróficos ocurridos en Málaga. Sobre esta última, pronuncié una charla en el Centro Generación del 27, en cuyo estrado me acompañaron varios profesores de la UMA. Una profesora me dijo que La desbandá “está muy documentado”.
La razón por la que escribí La desbanda es una especie de folletín. Nací en 1941, por lo que pertenezco a una generación de malagueños que creció oyendo hablar de los espantos de la desbandá de Málaga. En mi adolescencia, influido por el ambiente, llegué a creer que tales espantos eran exageraciones. Luego emigré a Hispanoamérica y dejé de acordarme de ello durante algunos años, pero viviendo en Venezuela (donde permanecí nueve años), iba con frecuencia a Nueva York, a veces por orden de mi empresa (publicidad) y otras por gusto. Cierta vez, fui porque un amigo de la NBC me invitó a un estreno de Anne Bancroft.

Equivoqué la fecha y llegué un día antes del estreno, cuando ya había visto repetidamente casi todos lo interesante de la ciudad; sin imaginar qué hacer, fui dando un paseo y me encontré a las puertas del New York Times; se me ocurrió visitar su hemeroteca, donde jugué un rato con aquellos microfilmes antiguos. Tuve la idea de buscar “Málaga” en el catálogo, y entre muchas otras cosas, encontré una crónica de mediados de febrero del 37. Hablaba de la desbandá de Málaga como “el más dramático éxodo de la historia de Europa” (todavía no había empezado la guerra mundial).

Lo que refería en conjunto la crónica era un espanto muy superior al que me habían transmitido de niño mis padres y vecinos. Volví a España pocos años más tarde, ya con la determinación de escribir algo sobre el caso. Apenas conocía la ciudad, no me acordaba del lenguaje popular y no encontré en las hemerotecas de Madrid ninguna referencia válida del caso. Así que vine a Málaga y me encerré durante seis meses en un archivo que había en el ayuntamiento (ahora está en la Alameda). Repasé uno por uno todos los ejemplares de La Unión Mercantil, entre mayo de 1934 y enero de 1936, justo unos días antes de producirse la desbanda. Por tanto, decidí explorar el terreno, acompañado por una amiga ajárquica para que ella hiciera las preguntas (y que no se me resistieran a mí por mi acento hispano), realicé muchísimos viajes hasta Maro-La Herradura-Motril, parándome en tabernas y bares para abordar a personas de cierta edad. Durante los años 81 y 82 realicé un total de 270 entrevistas grabadas, donde no sólo me contaban espantos horrendos, sino que me dejaban el acento vivo de su habla. Con gran sorpresa y desencanto, llegué a la conclusión de que los dos bandos enfrentados en la Guerra Civil habían guardado silencio u ocultado la desbandá de Málaga, porque ambos bandos se avergüenzan de su culpabilidad. Los dos bandos fueron culpables.

Antes de ponerme a redactar, escribía lo que llaman en televisión “escaleta”, y yo lo denomino “esqueleto”. Desde de entonces, lo hago siempre ANTES de abordar la escritura de cualquier novela. Primero, investigación y recopilación de datos, segundo, plasmación de las secuencias de la fabulación en una escaleta-esqueleto y tercero, la escritura en sí. DE MODO QUE NUNCA TEMO EL FOLIO EN BLANCO, PORQUE CUANDO ME PONGO ANTE EL TECLADO SÉ LO QUE VOY A ESCRIBIR, Y ME IMPACIENTO PORQUE ME BULLE DEMASIADO LA CABEZA…HASTA QUE MIS MANOS ME PARECEN LENTAS.
Siempre que me preguntan “cómo escribir”, explico mi método del esqueleto, aprendido de manera empírica en la publicidad y sumamente eficaz.

miércoles, 9 de noviembre de 2011

MÁLAGA NECESITA LIBRARSE DE SEVILLA



Si estás de acuerdo en que Málaga debe recuperar el libre albedrío que le robaron al fundarse el invento sevillano, escribe a
jlmgvc@gmail.com

domingo, 6 de noviembre de 2011

POEMAS Y CANTES DE MI LIBRO "FRÍO LEJOS DEL SSUR"

ALBOREÁ
Fría luz sin nombre,
fríos están mis huesos;
gélida mi alma,
¡y la pena dentro!


Clarear
Cuando el clarín de las seis
convoca para los afanes
y, aterido,
me aventuro por la bruma gris de hielo
del poliedro sin recodos
y el lago de hojas exhaustas,
me quema las sienes frías
un frío beso; la duda:

¿Vivo, sueño o desvarío?.

El corazón regurgita su miedo,
el alma,
con sal y arcilla forjada,
sube a sobrevolar mi carne desvaída;
nubes rondan con cuchillos aguzados
sobre torres de cemento.

En la Babel de cristal y acero
soy un número,
mientras mis torres de espuma
suspiran, lejos, por mí.

SIGUIRIYA
De agua rutilante
no hay torres de espuma
en el mar de farallones oscuros,
ni estrellas ni luna.



Hojas
Hosca es la luz que las desvela
por los intersticios pardos del caos de silicio.
Una fuerza telúrica las mece
para vestir de limo que agoniza
los caudalosos ríos del silencio.

Tenaz, en su encomienda metabólica,
el tiempo las derrite como médanos
y teje los nutrientes
que no aprovecharán negadas sementeras.

Y en el caos, los sustratos del invierno
no encuentran poros por donde fecundar
la costra yerta e insondable
de la acerada superficie del desierto.

Cúpulas iluminadas de gemidos
y las cloacas, obstruídas de terror,
mientras el sol decae, como un grito
ahogado en la niebla.
En medio, la textura alborotada
que es ausencia, mortaja
y anulación.

POLO
Al regreso del tormento,
una risa y un quejío.
La una, por tu recuerdo
y el otro, por tu desvío.

Glaciación
Una glaciación avanza,
el hielo petrifica los aromas
y deglute los colores;
atomiza la frágil temperatura;
profana la cama el frío
y se aloja entre las sábanas.

Va recubriendo el frío
con su escarcha los estucos desahuciados.

Los carámbanos,
racimos de horas secuestradas en la ruta,
opacan la luz.

Culebrea el musgo y emerge
entre las grietas del hielo,
escala por la pared
y pende en jirones de la geografía del techo.

Va tapizando el frío
las baldosas silenciosas
y el retrato sin memoria.

¡Y esta mordaz paradoja
del sol fingido que trae voluptuosidad de mar!.


DEBLA
Que me asilen sus calores
aunque me consuma el Sol.
Y que su luz me ilumine
el delirio y la razón.
¡Que lo quiera Dios!.


Sopor
¿Quién lo derrocó
de su trono fulgurante?
¿A dónde lo desterró?

Como ya no la convoca,
la diosa azul riela demudada.

No es tenebrosa la noche,
es hora de expectación.
Es necesaria la noche
para que estalle la madrugada.

Las auroras, en eclipse,
se hielan bajo el metal de la lívida opresión.
¿Quién lo minió?.
¿Cómo destiñó su luz, la irisación
y el hechizo?.

¿Dónde, añorado esplendor, te llevaron embozado?.
¿Quién ha usurpado el ocaso,
el alba y el mediodía?.
¿Quién, cuándo y por qué abatió
el ritmo nictemeral?

SOLEÁ
En la callecita blanca
que me abrigó, ha pronunciado
mi nombre una voz amarga



Madre natural
Helena magnificencia,
madre natural.

Remota, clara, transparente
allí donde la pesca es espuma blanca,
nata plateada, seminal.

Madre alentadora
que besa, lava y acaricia
la arena en que sestean varadas
todas las reminiscencias.

Bullicio reluciente,
chisporroteo de luz, espejo de Apolo,
veta diamantífera de cardumen.

Irisación infinita,
crisol de aspiraciones,
polen de fisonomías, alumbradora de mi voz,
biógrafa de mi rastro.

Madre atávica, placenta de mis latidos,
¡acógeme!.
Haz que mis huellas reencuentren tus riberas.
Desarma a este cieno
frío y gris
para que no me amordace.

viernes, 4 de noviembre de 2011

HAY QUE INDEPENDIZARSE DEL INSOPORTABLE IMPERIALISMO SEVILLANO


Si estás de acuerdo en que Málaga debe recuperar el libre albedrío que le robaron al fundarse el invento sevillano, escribe a
jlmgvc@gmail.com

martes, 1 de noviembre de 2011

LOS PRESUPUESTOS DE 1912 DE LA JUNTA DE LOS SEVILLANOS PRUEBAN QUE MÁLAGA NO TIENE MÁS SALIDA QUE INDEPENDIZARSE DE SEVILLA.



Si no fundamos urgentemente la Autonomía de Málaga, nos iremos haciendo más y más pobres y acabaremos por desaparecer, que es lo que pretende la burocracia sevillana.