miércoles, 27 de febrero de 2013

Cuento de mi biografía número 15

PUBLICADO A CONTINUACIÓN, ES EL EPISODIO DE MI PASADO DONDE MÁS ME HE "DESNUDADO"

CUENTOS DE MI BIOGRAFÍA, número 15


Cuentos de mi biografía
15 – MANGLARES



Nunca había visto paisajes más bellos ni más multicolores; muchos rincones venezolanos me parecían únicos, al menos nunca los había visto parecidos; algunos de los bosques que ellos llamaban “selva” eran extraordinarios, con ejemplares increíbles de árboles y plantas; había numerosas variedades de orquídeas muy hermosas; el clima de la costa era tropical caluroso, pero el de Caracas era como si funcionara aire acondicionado de hotel de lujo. Todo el país presentaba una gama interminable de colores, pero al volver para comenzar a vivir permanentemente en Venezuela mi ánimo se volvió de color petróleo.

Para aquellas personas que tan fastuosamente me habían atendido durante mi visita “turística”, ahora no se trataba ya de acoger a un visitante que pronto se iría. Yo no constituía una novedad y había dejado de estar revestido con el halo del exotismo improbable. Me enfrentaba a la vida real, a partir de ahora no pasaría días tras día y semana tras semana en maravillosas excursiones en yate ni travesías en jeep por la selva, amparado por los mimos y la solicitud de cuatro o cinco personas. Que siempre habían sido hombres. La gelidez de la nieve negra de Nueva York ya no traspasaba mis mocasines, pero encontraba una frialdad imprevista en el trato de la gente que pocos días antes me obsequiaba y halagaba como a un rey. 

Fue como caer de una nube. Durante mi mes de turista, me habían impresionado tanto Chichiriviche y los manglares de Barlovento y Chirimena, que deseaba regresar cuanto antes a uno de esos sitios. Sentía enormes deseos de volver a navegar en lancha por los canales, bajo el estrepitoso toldo multicolor de las bandadas de loros y cotorras. Me habían dicho que pasaban de doscientas las especies de loros existentes en el país, y yo creía haberlas visto todas durante el fabuloso mes de visitante. Bandadas que teñían el cielo de rojo; bandadas que volvían azul metálico el firmamento. Bandadas tan nutridas, que ocultaban el sol. Esas aves de todos los colores eran las verdaderas amas de extensos parajes venezolanos.

Ante mi solicitud de una nueva excursión, Pepe me contempló con lo que me pareció sarcasmo en la mirada. Estuvo varias veces a punto de hablar, pero se mordía el labio inferior en seguida. Tras más de un minuto de vacilación, me respondió que tendría que esperar a valerme por mí mismo:

-Cuando trabajes y puedas comprarte un carro o alquilarlo, podrás ir por tus propios medios.

Habían terminado mis privilegios de visitante provisional. Hasta noté que modificaban sus expresiones. No percibía curiosidad en sus miradas ni el entusiasta propósito de complacerme. Mi relación con ellos había dejado de ser pasajera, pues me había convertido en un inmigrante más que, tal vez, podría ser competidor en algún sentido. Y también había perdido el encanto de la novedad; ya no era un debutante en su cerrado círculo, donde funcionaban misteriosas claves que no lograba comprender. La expresión que más cambió fue la del enigmático Fraga, que se había vuelto elusiva, como si existiera alguna cuenta pendiente entre los dos que a él le hiciera avergonzarse; tardé en comprender que él era un intruso en las prerrogativas de los otros tres, un intruso no demasiado bienvenido, y a mí me veía como un competidor que pudiera disputarle el puesto de gorrón o hacer resaltar demasiado su intrusión.

Pasé varios días sintiendo una incomodidad que no sabía explicarme. Aquellas personas que habían sido parte fundamental de mi decisión de abandonar Nueva York y volver, resultaba ahora que no debía contar con ellas. Que no podía contar con ellas. Caracas era una ciudad tan difícil como todas las demás, no era lo que había idealizado durante mis frías dificultades de Nueva York, la especie de “fuente de la eterna juventud” y “paraíso soñado” en pos de los cuales había regresado. Había sufrido un espejismo, fruto de mi entonces ignorada necesidad de tener a quien amar y en quien confiar; en aquellos tiempos, yo no era consciente de lo que me estaba perdiendo: los placeres de juventud, el amor, el sexo, la compañía, la solidaridad… Lo intuí más tarde en mis prolongadas sesiones de psicoanálisis cuando obtuve medios suficientes, y fue en la propia Venezuela.

El contraste entre mi cotidianidad de emigrante de ahora era demasiado fuerte comparado con el mes de turista que me habían hecho gozar pocas semanas antes, como si fueran personas que se desvivieran por mí porque me querían. Había sido un espejismo de sediento que vislumbra agua porque la necesita. Sólo me había beneficiado del viso de turista de paso, con quien no se adquieren compromisos, pero tardé años en comprenderlo.

Ahora, tanto tiempo después, reconozco que abandoné Nueva York, donde dispuse del privilegio legal que millones de hispanoamericanos soñaban, y regresé a Caracas por la belleza de los manglares pero mucho más por la felicidad ignorada de compartir mi vida con otra gente.

Pepe y su padre vivían en un piso pequeño para los usos sudamericanos, donde hallan inconcebibles los espacios que habitamos los europeos. Se trataba de una vivienda pequeña según los estándares de por allá, pero mi habitación era la más grande que había ocupado en ningún sitio. El dormitorio de Pepe no estaba al lado, porque aun quedaba en el medio una habitación que usaban como almacén. Debo confesar que sufrí episodios de insomnio la primera noche, alerta por la expectativa de que Pepe pudiera entrar en mi cuarto en el momento más inesperado, a reclamar su “derecho de pernada”, de quien proporciona cobijo a un desconocido. Pero no ocurrió. El insomnio me martirizó varias noches más, por no haber esperado lo que estaba resultando tan inesperado en el retorno al paraíso gozado un mes. La mañana siguiente, me desperté ojeroso; el padre me ofreció un café, al tiempo que me decía:

-Aunque te parezca mentira, hay una churrería aquí al lado.

No me hacía falta nada más para interpretar que tendría que desayunar por mis medios. Pero a causa de mi decepcionante impresión del regreso, estaba desenfocándolo todo, porque al volver de desayunar unos churros rarísimos, encontré a Pepe comiendo una arepa; se apresuró a preguntarme:

-¿Dónde habías ido? Te hemos esperado para desayunar, pero ya no podía demorarme más, porque es la hora de trabajar.

Pepe era barbero. Tenía un local pequeño, con solo un sillón; sin embargo, el sofá de la espera estaba siempre ocupado por dos o tres hombres. Sorprendentemente, Pepe no paraba ni un momento durante todo el día y siempre tenía que prolongar su jornada por algún rezagado que se lo rogaba. Me pareció comprender por qué se entrenaba tanto en el gimnasio de pesas; nadie que no fuera tan fuerte como él podía resistir tantas horas de pie, sin cansarse.

-No me canso en absoluto –respondió cuando le pregunté.

-Claro, tienes muslos de elefante…

Pepe me miró con lo que me pareció brevemente enfado. Pero esa noche y los siguientes dos o tres días me di cuenta de que se exhibía a todas horas en calzoncillos o bañador, dejando ver sus muslos. No se había enfadado, pero tardé todavía varias semanas en comprender lo que significaba en realidad aquella mirada tan intensa.

Actualmente, me resta muy poco tiempo; no he comprendido hasta ahora cuánto me he perdido, cuánto he rechazado el amor, cuántas personas me han amado sin que yo les abriera la puerta. Pepe no encajaba ni de lejos en lo que yo pudiera considerar adecuado o accesible para mí, un poco como el brasileño Xico. De ningún modo podía creer que alguien de sus características físicas pudiera amarme o, por lo menos, desearme. Evitaba mirarlo de modo contemplativo; en realidad, lo miraba muy poco, sobre todo cuando iba del baño a su dormitorio sin cubrirse, sin ninguna clase de pudor. Pero lo que había visto ya era suficiente para considerar que su cuerpo era lo más cercano a la perfección de las estatuas que estudié en Italia. Y su cara era también hermosa, a su manera intensamente viril. Nadie con tales características podía estar al alcance de mis deseos. Nadie así podía amarme.

Toda mi vida he creído que no merecía recibir regalos, ni elogios ni concesiones. Mis padres se empeñaron de niño en hacerme creer que no merecía nada y que sólo pagando conseguiría placeres o gestos de amor. Enseñanza que he seguido inconscientemente durante toda mi vida. Nunca he consentido que me amen. Nunca.

Siempre he rechazado, a causa de creerme tan rechazado. No tenía nada que esperar en Venezuela, tampoco en Venezuela. ¿Me había equivocado en Brasil con Xico, exagerando el miedo a la Umbanda, con tal de no reconocer la prohibición de amar que los golpes de mi padre habían impreso en mi pecho? ¿Había cometido un acto de inconsciencia absurdo, apartando a Xico de mí?

Era demasiado improbable dar de nuevo con alguien como Xico. Desde los enfoques de mis prejuicios, la sospechada devoción de Pepe tenía algo de ilegítimo, como si al pretender seducirme buscase una relación pedófila; lo cual era un disparate, puesto que yo tenía veintiocho años y aunque él me pareciera mayor, no pasaba de los treinta y cinco. Era posible que, juntos, pareciéramos David y Goliat, lo que me inspiraba ese sentimiento de poquedad frente a él.

Tuve que aplazar tales ideas y temores, porque mi única preocupación presente debía consistir en  conseguir un empleo. Sólo cinco semanas antes, había rechazado el empleo que me ofreciera el director creativo de J. Walter Thompson, porque por aquellos días no tenía el menor propósito de permanecer en Venezuela. Ahora, ¿podía ir a pedirle que me ofreciera de nuevo trabajo? ¿No había detectado en aquel hombre la evidencia de un deseo ilícito, como el que yo le atribuía a Pepe sin razones consistentes?

Sabía ya que nadie en otros países se carga de tantas culpas como nos cargamos los españoles, por la influencia atroz de condicionantes religiosos muy ignorantes. En los trópicos, y en general en toda Hispanoamérica, los hombres no tienen reparos en acariciar y proporcionar placer a algún amigo que se lo solicite, y nadie elude con firmeza tales ocasiones. Yo, sin embargo, no había conseguido desatar los arneses mentales que me habían impuesto en España, aunque llevaba más de cinco años viviendo en otros lugares. Mi vida ha sido así siempre, hasta ahora: una incansable negación de mí mismo; una renuncia masoquista y obcecada a cuanto me pueda complacer.

En Río de Janeiro, y también en Buenos Aires, había experimentado muchas veces la sorpresa de que, al cruzar brevemente la mirada con un hombre que estaba acompañado de su mujer o su novia, viniera un poco después tal hombre a proponerme una cita. A pesar de ello, persistía en el empeño de reprenderme y hasta martirizarme a mí mismo. ¿Podría rendirme al deseo alguna vez? ¿Podía disponerme a fingir, sugiriendo de algún modo al director creativo de J. Walter Thompson que iba a corresponderle, a fin de conseguir el empleo?

No, no podía. Todos los rincones de mi conciencia y todas las moléculas de mi cuerpo me lo impedirían. Nunca he podido actuar como actúa la mayoría de la gente; jamás he podido usar la lisonja ni el fingimiento para hacerme sitio en ninguna parte.

Decidí dejar para más adelante la posibilidad de volver a J. Walter Thompson y me afané presentándome en todas las agencias publicitarias caraqueñas que tuvieran alguna importancia. A despecho de mis angustias, noté en seguida que un par de agencias iban a llamarme para hacerme propuestas. No afirmaron nada, pero al reflexionar al fin del día, saqué esa conclusión, que no me produjo júbilo, no comprendo por qué.

Porque durante ese día había visto y presentido lo suficiente como para que el alerta molecular de mi cuerpo se pusiera al rojo vivo. Las personas que me habían entrevistado, las que había visto en los cafés, dos tipos que había a mi lado ante el mostrador de una arepera, Pepe durante el almuerzo… Con tanto como necesitaba un empleo con urgencia, los arneses paralizantes que me había puesto mi “educación” española comenzaron a ahogarme en cuanto me acosté. Entre duermevelas y pesadillas, y a despecho de llevar ya casi siete años considerándome ateo, un río de culpa como lava se deslizaba abrasadoramente por mi pecho.

No iba a ser capaz de vivir en Venezuela bajo esa tortura. Pero después del mes turístico, el intento en Nueva York y los tres pasajes de avión, no me quedaba apenas dinero. Creo que conservaba sólo unos ochenta dólares.

Estaba obligado a romper mis ataduras o, por lo menos, librarme brevemente de ellas a fin de echar a andar en Caracas.

¿Conseguiría trabajar antes de verme obligado a confesar mi ruina a Pepe y su padre?

Aconteció en la más importante agencia venezolana, Corpa, que era filial de Ogilvy and Mather; comencé a trabajar como “director de arte asociado” la mañana del mismo día que tuvo lugar, por la tarde, uno de mis principales acontecimientos en Venezuela: conocí a Olga. 

De adolescente, había tratado de encauzar mis aficiones artísticas actuando en un grupo de teatro de aficionados, que dirigía una célebre cubana llamada Guillermina Soto. Tuve un éxito sonoro interpretando el Hijo de Alí Babá en una versión del cuento escrita por el marido de la Soto. Esta mujer, retaca y gorda como una bola de billar, se reservaba siempre el papel de la heroína de la función; entre otras, Magdalena, la amada de La Venganza de Don Mendo. En la función de Alí Babá la gorda cubana era la bella princesa adolescente, en tanto que yo –más delgado que un lápiz, era su modesto enamorado. La representación fue en el Teatro de la Merced, que antes había sido una iglesia. Entre tantas barbaridades arquitectónicas cometidas en Málaga, este teatro/iglesia fue derribado para construir un feo y vulgar edificio de viviendas. La cuestión fue que mi padre no paró de atosigarme por mi deseo de ser actor, hasta el punto de que lo dejé, atosigado. La Soto le pasó mi papel a otro de los alumnos, el cual vino a mi casa para pedirme el libreto; yo no estaba. Cuando llegué esa noche, me recibió un puñetazo seguido de una paliza despiadada, aunque yo tenía ya diecisiete años. Supe muchos años más tarde que mi sustituto era amanerado y que lo había recibido mi padre..

En Caracas, le había comentado a Pepe muchas veces mi nostalgia de actor. Resultó que había un grupo de teatro en la Hermandad Gallega y Pepe me consiguió una cita con su director precisamente la tarde/noche del día que comencé a trabajar, y no tuve que esforzarse siquiera para hacerlo bien. Durante la espera, entablé conversación con una chica sentada un par de butacas más allá. Entre susurros, nos contamos nuestras vidas y yo le hablé de mi deslumbramiento por los manglares.

-Este fin de semana, vamos de excursión a Coro, que no está lejos de Chichiriviche. Seguramente, también iremos a los manglares. ¿Te apuntas?

Los siguientes cuatro días hablé más por teléfono que en toda mi vida. La sintonía con Olga era tan absorbente, que nunca conseguíamos interrumpir la conversación. Me dormía y me despertaba pensando en ella y me costaba grandes esfuerzos aguantar las ganas de telefonearle.

Durante cuatro días, viví en una espléndida nube irisada de nácar.

MI ANTOLOGÍA DE FRASES ESTÚPIDAS

Alguna gente, sobre todo los políticos mediocres y los “informadores” que no esperan nada de la vida, siente la obligación de hablar sin parar. Es un vicio que presentan también los médicos y subalternos de la SS, que nunca dejan hablar a los pacientes, que son los únicos que saben lo que les pasa.
Con objeto de no permanecer ni un instante en silencio, tales “profesionales” recurren a toda clase de latiguillos y frases trilladas, que pueden parecer superficialmente juiciosas pero que, analizadas, son estupideces dignas de gansos descerebrados.
A veces, se trata de un golpe de ingenio que ha tenido alguien, pero que como todos los golpes, sirven sólo un instante. Quienes repiten una y otra vez estas “ingeniosidades”, se reconocen mediocres, incapaces de idear sus propias metáforas y faltos de ambición.


Ahora, se me ocurren estos ejemplos:


BLANCO Y EN BOTELLA.

Parece indiscutible, pero a alguien se le podría ocurrir echarse a pecho una botella de zotal. En la UVI, el tal se acordaría de la madre del inventor de la frase


DE ALGUNA MANERA

Por ejemplo, alguien habla de una docente que cumple 50 años de oficio. El que pronuncia el homenaje panegírico, dice “Doña Marta, de alguna manera ha enseñado a vivir a muchas generaciones”. ¿Qué querrá decir con “de alguna manera”? Definitivamente, doña Marta había enseñado a vivir a muchas generaciones DE CUAUIER MANERA QUE SE MIRE.


TIENE LA CABEZA MUY BIEN AMUEBLADA

Resulta difícil especular sobre lo que estaría pensando el primero a quien se le ocurrió esta barbaridad. Tal vez se inspiró en las peinetas de Martirio.


COMO DIGO YO

Pocas cosas son más presuntuosas que citarse a uno mismo. Opino que quien cita demasiado a otros autores demuestra gran falta de recursos; pero citarse a uno mismo no es sólo falta de recursos; es bobería inconmensurable.

martes, 26 de febrero de 2013

LOS ESCRITORES NO QUIEREN SABER LA VERDAD

LOS ESCRITORES NO QUIEREN SABER LA VERDAD


www.luis-melero.blogspot.com
La mayoría de escritores que hemos publicado, los periodistas y casi todo el mundo en Barcelona sabe que a los escritores se nos vienen robando nuestros derechos desde tiempo inmemorial. Pero los que desean publicar no quieren enterarse. La vocación de escritor es tan insoslayable, que el afán de publicar mueve al suicidio económico. Yo aconsejo a quienes me preguntan que se busquen editorial en Miami.

Para la mayoría de las editoriales españolas, si una persona con talento tiene mucha creatividad, siente la pasión de escribir y, por ello, no desea hacer otra cosa, para lo que es indispensable cobrar por lo que escribe, está loco. Por ello, lo ningunean, lo tratan con desprecio de insignificante, lo ignoran, lo desprecian y mueven a ello a todos los componentes de la editorial, olvidando el hecho de que TODOS ELLOS VIVEN GRACIAS A LA “LOCURA” DEL ESCRITOR.
En el caso de Roca, la dueña de la editorial respetaba las “opiniones” de la editora contrarias a mis criterios SOBRE MIS PROPIOS LIBROS. Esta editora se equivocaba csiempre, como en el caso de mis novelas “Los pergaminos cátaros” y “El ocaso de los druidas”, para los que dispuso prácticamente la misma portada, aunque son publicaciones consecutivas.
Entre Roca Editorial y Editorial El Cobre se apropiaron de más de 200.000 euros de mis derechos, dejándome en una situación económica miserable, y hasta paso a veces hambre. A partir del momento en que reclamé mi dinero, Roca retrasó sine die mis ediciones e hizo que me incluyeran en la lista negra de las editoriales, donde inscriben a los escritores malditos Hace años que dejé de intentar publicar, pero tengo ocho o nueve novelas editables además de otras muchas cosas, que permanecerán archivadas en la fecha en que me vaya.
Después de muchos sinsabores de la condicionada prensa española, intento hace años que se publique un reportaje sobre mí en Caracas, Londres, Buenos Aires o São Paulo. Llevo seis años advirtiendo a los diputados del parlamento el grave error de la Ley de Propiedad Intelectual de 1996, pero no responden ni a tiros ni, lo que es más grave, nadie se ha dispuesto a subsanar el error para que os escritores podamos vivir de nuestro trabajo; en concreto, un autora que ha vendido mucho, una vez respondió así a mi pregunta de si le pagaban lo justo: "Imagina, hace un mes pe mandaron una transferencia de 700.000 euros". Pero su novela del año anterior había vendido más de un millón de ejemplares, a un precio medio de 20. Le correspondían muy por encima de dos millones, pero ella hallaba "suficiente" que le robasen dos tercios de su dinero. Cuando se lo señalé exclamó ¡Que quieres, que nadie quiera publicarme más!

Dictaré tres charlas sobre EL OFICIO DE NOVELISTA, en el Ateneo de Málaga, en el mes de abril. Supongo que será mi canto del cisne.

LATIGUILLOS Y FRASES TRILLADAS



“TIENE LA CABEZA MUY BIEN AMUEBLADA”

Resulta difícil especular sobre lo que estaría pensando el primero a quien se le ocurrió esta barbaridad.
Tal vez se inspiró en las peinetas de Martirio.

miércoles, 20 de febrero de 2013

¿HAY VERDADERA DEMOCRACIA EN ESPAÑA?

Se  pueden tener dudas.
LEA MI REFLEXIÓN EN EL ARTÍCULO REPRODUCIDO UN POCO MÁS ABAJO.

martes, 19 de febrero de 2013

LA LEY ELECTORAL HACE IMPOSIBLE LA DEMOCRACIA EN ESPAÑA

EL MÁS SIMPLE ANÁLISIS, DEMUESTRA QUE NO EXISTE DEMOCRACIA EN ESPAÑA
lea el artículo siguiente.

lunes, 18 de febrero de 2013

LAS CORTES NO SON DEMOCRÁTICAS, LO IMPONE LA LEY ELECTORAL



Quienes hemos vivido muchos años bajo el paraguas legal de otros países, nos damos cuenta del disparate que es cuerpo legal español. Desde propiciar la corrupción de los políticos hasta permitir que las editoriales estafen a los escritores, son demasiados los errores de las leyes bajo las que vivimos. Aprendida esta verdad, no cuesta trabajo comprender por qué Picasso y tantos otros talentosos prefirieron vivir en otros lugares.

En España mandan y deciden todo menos de veinte personas. Los parlamentarios no deciden nada individualmente, se limitan a aplaudir lo que ordena su líder. De hecho, los partidos políticos funcionan igual; si uno quisiera integrarse en un partido porque tiene inquietudes que desea comunicar, se encontrará con que dicho partido espera de uno que obedezca y aplauda NADA MÁS. La idea de que se  debe contribuir a que la sociedad mejore, políticamente es absurda en España. Ningún partido permite a ningún militante que opine; se tiene que limitar a respaldar las opiniones que le imponga el partido.

A la hora de convocar elecciones, el grave déficit democrático se manifiesta porque los elegibles son obligados a firmar papeles que contradicen sus obligaciones constitucionales. Ningún diputado puede defender los derechos de sus electores; tiene que plegarse a lo que mande el partido (o sea, las dos o tres personas que manden en cada uno).

De este modo, si a un parlamentario se le ocurriera descubrir las gravísimas injusticias de la Ley de Propiedad Intelectual reformada en 1996, no podría proponer una reestructuración; el partido le mandaría aplaudir y asentir otras cosas, no tener iniciativas. Así, se traiciona la esencia misma de la representatividad. En las condiciones actuales, ser elegido en una circunscripción no obliga políticamente a nada, aunque la Constitución diga otra cosa; un diputado elegido por Málaga, aun dándose cuenta de las gravísimas injusticias que se cometen presupuestariamente con esta trimilenaria ciudad, no podría hacer nada por Málaga porque se lo prohíbe el partido.

Además, y siguiendo con Málaga, está el disparatado sistema de la proporcionalidad actual. Hay tantos malagueños como vascos, pero los parlamentarios malagueños no significan nada, mientras que los vascos condicionan mucho y muy gravemente a todos los españoles.

domingo, 17 de febrero de 2013

EN LA ESPAÑA EDITORIAL, CONFUNDEN EL TALENTO CON LA LOCURA




Los estamentos editoriales españoles (incluido el Parlamento y sus torpe ley) consideran locura el talento y la creatividad.

Para la mayoría de las editoriales españolas, si una persona con talento tiene mucha creatividad, siente la pasión de escribir y, por ello, no desea hacer otra cosa, para lo que es indispensable cobrar por lo que escribe, está loco. Por ello, lo ningunean, lo tratan con desprecio de insignificante, lo ignoran, lo desprecian y mueven a ello a todos los componentes de la editorial, olvidando el hecho de que TODOS ELLOS VIVIEN GRACIAS A LA “LOCURA” DEL ESCRITOR.


En el caso de Roca, la dueña de la editorial respetaba religiosamente las “opiniones” de la editora contrarias a mis criterios SOBRE MIS PROPIOS LIBROS. Esta editora se equivocaba casi siempre, como en el caso de mis novelas “Los pergaminos cátaros” y “El ocaso de los druidas”, para los que dispuso prácticamente la misma portada; olvidando que son publicaciones consecutivas.


Así actuó conmigo Roca Editorial y también lo hizo Editorial El Cobre en el aspecto económico. Entre las dos, se apropiaron de más de 200.000 euros de mis derechos, dejándome a mí en una situación económica miserable, donde hasta paso a veces hambre. A partir del momento en que reclamé mi dinero, Roca retrasó sine die mis ediciones y, al parecer, hizo que me incluyeran en la lista negra de las editoriales, donde inscriben a los escritores a los que no hay que editar. Hace años que dejé de intentar publicar, pero tengo ocho o nueve novelas completamente terminadas, además de relatos y otras muchas cosas, que permanecerán archivadas en la fecha –creo inminente- en que me vaya.

Voy a dictar tres charlas sobre EL OFICIO DE NOVELISTA, en el Ateneo de Málaga, a lo largo del mes de abril. Supongo que será mi canto del cisne.


viernes, 15 de febrero de 2013

LA PESADILLA EDITORIAL ESPAÑOLA IMPEDIRÍA ESCRIBIR LA VIDA ES SUEÑO



El sueño de escribir, producto de la irrefrenable vocación de escritor, se convierte habitualmente en una pesadilla en España. La ley de propiedad intelectual, reformada en 1996, no sólo consiente, sino que parece propiciar la estafa a los escritores. En consecuencia, la mayoría de las editoriales españoles nos roban a los escritores casi la totalidad de nuestros derechos. A mí me han robado entre Roca Editorial y Editorial El Cobre unos 219.000 euros en total. Algo tan importante ocurrido a un escritor que ha vendido más que la media, parece que debería ocasionar un gran escándalo mediático.

Pero Antena 3 es propiedad de Editorial Planeta. La Esfera de los Libros es propiedad del diario El Mundo. Santillana/Alfaguara es propiedad del diario El País. Y así, casi hasta el infinito. Consecuentemente, ¿puede esperarse que los medios españoles se ocupen con honestidad y valentía de los frecuentes casos de escritores estafados por sus editoriales?

Porque las Cortes Españolas desprecian a los escritores, exponiéndolos a los abusos editoriales sin una ley apropiada para protegernos, que hecha a la conveniencia de las editoriales, consiente las estafas a escritores, impidiendo que podamos sobrevivir y que, por lo tanto,  la literatura española cuente en el mundo
Escribir en España es labor de esclavos martirizados.
Existe una lista negra editorial de los escritores que exigimos que nos paguen.

Larra decía que “escribir en España es llorar”. España opta oficialmente por ultrajar a los escritores, imposibilitar su profesionalización. En Barcelona sobre todo, se editan muchos títulos y bastantes volúmenes, pero las leyes están condicionadas para que las editoriales no tengan obligación LEGAL de pagar a sus escritores españoles. Todos en Barcelona, periodistas inclusive, saben que las editoriales se apropian casi todo el dinero de sus autores españoles, pero hay un PACTO DEL SILENCIO. Existe un círculo vicioso por el que los escritores españoles tenemos que aceptar ser estafados para poder publicar y, si reclamamos nuestro dinero, se nos inscribe en una LISTA NEGRA EDITORIAL y ya nohay la menor posibilidad de volver a publicar.

NO PUBLICO hace seis años, porque decidí no hacerlo más con la estafadora Roca Editorial (que me ha defraudado más de 125.000 euros por cuatro libros muy bien vendidos) y después no ha querido contratarme ninguna otra, aunque tengo inéditas nueve novelas publicables de inmediato. A pesar de ese silencio, aún me escriben vocacionales para pedirme consejos; respondo siempre que se busquen editoriales FUERA DE ESPAÑA
Con el consentimiento del Gobierno, el Parlamento, los diputados, todas las autoridades y los partidos políticos, en España sólo pagan una pequeña fracción de los derechos de propiedad intelectual –salvo alguna que yo no conozco-; es decir, la mayoría de las editoriales fingen pagar los derechos, pero calculando las liquidaciones en base, por ejemplo, a los movimientos con los distribuidores, consignan “devoluciones” imposibles de libros (las devoluciones provisionales de los distribuidores), y finalmente liquidan solamente sobre la base de un 30% del P.V.P. del libro. Los escritores muy conocidos, hacen registrar sus contratos en notarios para curarse en salud; tal como hacen habitualmente las editoriales, los contratos con los escritores legalmente son papel mojado.
Muchas de las liquidaciones que me hizo Roca Editorial presentaban saldo NEGATIVO PARA MI; o sea, que YO TENÍA QUE PAGAR A ROCA, circunstancia totalmente imprevista en los contratos Sólo tenía que hablar del porcentaje que corresponde al escritor del precio de venta el público de su libro, que para eso lo imprimen en la portada.
Esta situación es posible porque la ley española de propiedad intelectual de 1996 es ultrajantemente defectuosa.

LA MAYOR EXTRAVAGANCIA: no considera delito que las editoriales incumplan sus contratos. Si un escritor estafado como yo decide denunciar a la editorial, sólo conseguiría que un juez dictaminara un juicio de faltas, donde la editorial sólo podría ser castigada a pagar una multa y NUNCA A DEVOLVER LO ROBADO AL ESCRITOR. A los escritores, como en este cuadro del Greco, NOS EXPOLIAN.

Roca Editorial incumplió todos sus contratos conmigo, no sólo porque me robó el 70% de mis derechos, sino porque jamás me dio opción de objetar las defectuosas portadas, repitió portada en dos libros míos sucesivos, me escarneció en todos los aspectos promocionales, me impidió conseguir agente, etc. Etc. Además, me “recomendó”, para editar con una célebre estafadora, Miriam Tey, muy conocida por sus marranadas en los medios barceloneses, aunque no en Madrid, donde me vino a estafar.

Quienes publicamos en España cobramos en realidad MENOS DEL 3% DEL PRECIO DEL LIBRO, es decir MENOS DE LA TERCERA PARTE DE LO QUE NOS PERTENECE. El gobierno y todas las instituciones lo permiten. ES QUE LOS ESCRITORES NO SOMOS ELECTORALMENTE SIGNIFICATIVOS. 

CAL VIVA La primera novela que publiqué.


Tras las catorce catastróficas inundaciones sufridas por la provincia de Málaga durante el mes de noviembre de 1987, se producen dos misteriosas muertes: Una anciana que fue bellísima de joven y que tuvo una vida muy azarosa, y un hombre de mediana edad que es el adalid de las inquietudes sociales de su comarca. 


Al pairo de las investigaciones policiales, el director de un periódico local manda al joven redactor Antero Noble a cubrir el suceso. Insospechadamente, el periodista recién titulado se encuentra durante la investigación y las entrevistas con angustiosos enigmas crecientes y dos biografías insólitas, sin relación aparente entre sí, que le llevarán a descubrir e involucrarse en la tragedia de personalidades muy extrañas y muy poderosas.

De esta novela han sido escritas numerosas frases entusiastas. Tres ejemplos:

“Cal viva es una estupenda novela, muy bien trabada y muy bien escrita”. ALFONSO CANALES, poeta y presidente de la Real Academia de Bellas Artes de Málaga.

“Es un juego permanente de encuentros y desencuentros… una novela amena, divertida, emocionante”. MIGUEL PICAZO, director de cine.

“Una de las mejores novelas que he leído en mi vida”. JOSÉ MARÍA DE JUANA, periodista.
Cal viva, con un formato más corto y el título “El extraño caso ocurrido en Benaljazmín”, fue finalista del Precio Café Gijón 1983.

Con el formato y el título definitivos, fue primera finalista del Premio Ateneo de Sevilla 1992. Una desgraciada y poderosa intervención hizo que no fuera premiada

Editada en 1993 por Ediciones Libertarias, en la actualidad se encuentra agotada.

ACTUALMENTE, NO SE PODRÍA ESCRIBIR EL QUIJOTE EN ESPAÑA



Miguel de Cervantes dedicó muchos años, incluyendo su cautiverio de Argelia y sus peregrinaciones de recaudador, a escribir El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha, incluyendo todo su cautiverio en  Argelia y los descansos desus peregrinaciones de recaudador . Según los usos actuales de las editoriales catalanas, Cervantes sólo podría dedicar quince o veinte noches a escribir, lo que le habría imposibilitado desarrollar algo tan complejo como El Quijote.

Porque las Cortes Españolas agravian y desprecian a los escritores, exponiéndolos a los abusos editoriales sin una arquitectura legal apropiada para protegerlos. .
Con una ley hecha a la conveniencia de las editoriales, el parlamento consiente las estafas a escritores, que impiden que los escritores puedan comer y que, por lo tanto,  la literatura española cuente en el mundo
Escribir en España además de llorar, también es labor de esclavos martirizados.
Lista negra editorial de los escritores que exigimos que nos paguen.

Larra decía que “escribir en España es llorar”. Puedo añadir que España opta oficialmente por ultrajar a los escritores, imposibilitar su profesionalización y  alentar la ilegalidad de la segunda industria editorial más poderosa del  mundo. En Barcelona sobre todo, se editan muchos títulos y bastantes volúmenes, pero las leyes están condicionadas para que las editoriales no tengan obligación LEGAL de pagar a sus escritores españoles. Todo el mundo en Barcelona, periodistas inclusive, saben que las editoriales se quedan con casi todo el dinero de sus autores españoles, pero hay un PACTO DEL SILENCIO, porque muchos periódicos pertenecen a editoriales poderosas. Existe un círculo vicioso por el que los escritores españoles tenemos que aceptar ser estafados para poder publicar y, si reclamamos nuestro dinero, se nos inscribe en una LISTA NEGRA EDITORIAL y ya no existe la menor posibilidad de volver a publicar.

NO PUBLICO hace siete años, porque decidí no publicar más con la estafadora Roca Editorial (que me ha defraudado más de 125.000 euros por cuatro novelas) y después no ha querido contratarme ninguna otra, aunque tengo nueve novelas publicables de inmediato, unos cien relatos cortos, poemas, versos, teatro y demás.. A pesar de ese silencio editorial, aún me escriben vocacionales para pedirme consejos; respondo siempre que se busquen editoriales FUERA DE ESPAÑA

Con el consentimiento del Gobierno, el Parlamento, los diputados, todas las autoridades y los partidos políticos, en España sólo pagan una pequeña fracción de los derechos de propiedad intelectual –salvo alguna que yo no conozco-; es decir, la mayoría de las editoriales fingen pagar los derechos, pero calculando las liquidaciones en base, por ejemplo, a los movimientos con los distribuidores, y consignan “devoluciones” imposibles de libros (las devoluciones provisionales de los distribuidores), y finalmente liquidan lo contratado solamente sobre la base de un 30% del P.V.P. del libro. Los escritores muy conocidos, hacen registrar sus contratos en notarios; tal como se hace habitualmente, los contratos con los escritores legalmente son papel mojado.
Muchas de las liquidaciones que me hizo Roca Editorial presentaban saldo NEGATIVO PARA MI; o sea, que YO TENÍA QUE PAGAR A ROCA, circunstancia totalmente imprevista en los contratos De todo lo que se habla en los contratos es del porcentaje que corresponde al escritor del precio de venta el público de su libro, que para eso lo imprimen en la portada. Esta situación es posible porque la ley española de propiedad intelectual de 1996 es ultrajantemente defectuosa. LA MAYOR EXTRAVAGANCIA: no considera delito que las editoriales incumplan sus contratos. Si un escritor estafado como yo decide denunciar a la editorial, sólo conseguiría que un juez dictaminara un juicio de faltas, donde la editorial sólo podría ser castigada a pagar una multa y NUNCA A DEVOLVER LO ROBADO AL ESCRITOR. Roca Editorial incumplió todos sus contratos conmigo, no sólo porque me robó el 70% de mis derechos, sino pòrque jamás me dio opción de objetar las portadas, repitió portada en dos libros míos sucesivos, me escarneció en todos los aspectos, me impidió conseguir agente, etc. Etc. Además, me “recomendó”, para editar con una célebre estafadora, Miriam Tey, muy conocida por sus jugarretas en los medios barceloneses, aunque no en Madrid, donde me vino a estafar.

Quienes publicamos en España cobramos en realidad MENOS DEL 3% DEL PRECIO DEL LIBRO, es decir MENOS DE LA TERCERA PARTE DE LO QUE NOS PERTENECE. El gobierno y todas las instituciones lo permiten. ES QUE LOS ESCRITORES NO SOMOS ELECTORALMENTE SIGNIFICATIVOS. Somos muy pocos y los diputados no consideran que deban hacernos caso, AUNQUE LA LITERATURA ESPAÑOLA SE HAYA VUELTO INSIGNIFICANTE A ESCALA MUNDIAL

jueves, 14 de febrero de 2013

LEGALMENTE IMPOSIBLE ESCRIBIR “LOS PILARES DE LA TIERRA” EN ESPAÑA



Las Cortes Españolas agravian y desprecian a los escritores.
Con una ley hecha a la conveniencia de las editoriales, el parlamento consiente las estafas a escritores, que impiden que la literatura española cuente en el mundo
Escribir en España además de llorar, también es ruinosamente sacrificado
Lista negra editorial de los escritores que exigimos que nos paguen.



Larra decía que “escribir en España es llorar”. Puedo añadir que España opta oficialmente por ultrajar a los escritores, imposibilitar su profesionalización y  alentar la ilegalidad de la segunda industria editorial más poderosa del  mundo. En Barcelona sobre todo, se editan muchos títulos y bastantes volúmenes, pero las leyes están condicionadas para que las editoriales no tengan obligación LEGAL de pagar a sus escritores españoles. 

Todo el mundo en Barcelona, periodistas inclusive, saben que las editoriales se quedan con casi todo el dinero de sus autores españoles, pero hay un PACTO DEL SILENCIO, porque muchos periódicos pertenecen a editoriales poderosas. Existe un círculo vicioso por el que los escritores españoles tenemos que aceptar ser estafados para poder publicar y, si reclamamos nuestro dinero, se nos inscribe en una LISTA NEGRA EDITORIAL y ya no existe la menor posibilidad de volver a publicar.

NO PUBLICO hace siete años, porque decidí no publicar más con la estafadora Roca Editorial (que me ha defraudado más de 125.000 euros por cuatro novelas) y después no ha querido contratarme ninguna otra, aunque tengo nueve novelas publicables de inmediato, unos cien relatos cortos, poemas, versos, teatro y demás.. A pesar de ese silencio editorial, aún me escriben vocacionales para pedirme consejos; respondo siempre que se busquen editoriales FUERA DE ESPAÑA

Con el consentimiento del Gobierno, el Parlamento, los diputados, todas las autoridades y los partidos políticos, en España sólo pagan una pequeña fracción de los derechos de propiedad intelectual –salvo alguna que yo no conozco-; es decir, la mayoría de las editoriales fingen pagar los derechos, pero calculando las liquidaciones en base, por ejemplo, a los movimientos con los distribuidores, y consignan “devoluciones” imposibles de libros (las devoluciones provisionales de los distribuidores), y finalmente liquidan lo contratado solamente sobre la base de un 30% del P.V.P. del libro. Los escritores muy conocidos, hacen registrar sus contratos en notarios; tal como se hace habitualmente, los contratos con los escritores legalmente son papel mojado.

Muchas de las liquidaciones que me hizo Roca Editorial presentaban saldo NEGATIVO PARA MI; o sea, que YO TENÍA QUE PAGAR A ROCA, circunstancia totalmente imprevista en los contratos De todo lo que se habla en los contratos es del porcentaje que corresponde al escritor del precio de venta el público de su libro, que para eso lo imprimen en la portada. 

Esta situación es posible porque la ley española de propiedad intelectual de 1996 es ultrajantemente defectuosa. LA MAYOR EXTRAVAGANCIA: no considera delito que las editoriales incumplan sus contratos. Si un escritor estafado como yo decide denunciar a la editorial, sólo conseguiría que un juez dictaminara un juicio de faltas, donde la editorial sólo podría ser castigada a pagar una multa y NUNCA A DEVOLVER LO ROBADO AL ESCRITOR.


Roca Editorial incumplió todos sus contratos conmigo, no sólo porque me robó el 70% de mis derechos, sino pòrque jamás me dio opción de objetar las portadas, repitió portada en dos libros míos sucesivos, me escarneció en todos los aspectos, me impidió conseguir agente, etc. Etc. Además, me “recomendó”, para editar con una célebre estafadora, Miriam Tey, muy conocida por sus jugarretas en los medios barceloneses, aunque no en Madrid, donde me vino a estafar.

Quienes publicamos en España cobramos en realidad MENOS DEL 3% DEL PRECIO DEL LIBRO, es decir MENOS DE LA TERCERA PARTE DE LO QUE NOS PERTENECE. El gobierno y todas las instituciones lo permiten. ES QUE LOS ESCRITORES NO SOMOS ELECTORALMENTE SIGNIFICATIVOS. Somos muy pocos y los diputados no consideran que deban hacernos caso, AUNQUE LA LITERATURA ESPAÑOLA SE HAYA VUELTO INSIGNIFICANTE A ESCALA MUNDIAL.


miércoles, 13 de febrero de 2013

SIGO RECIBIENDO COMUNICACIONES...

Pero no me llegan noticias de que el Parlamento Español se disponga a reformar la ley de Propiedad de 1996, donde tan injustamente se trata la legalidad de que nos paguen a los escritores.

martes, 12 de febrero de 2013

MUCHAS COMUNICACIONES

A raíz de la publicación sobre las dificultades de los escritores españoles que podéis leer a continuación, he recibido decenas de comunicaciones de España y América.

Pero ninguna autoridad ni parlamentario me ha indicado si se piensa intentar rectificar tan grandes injusticias.

domingo, 10 de febrero de 2013

EL GOBIERNO PERMITE ESTAFAR A LOS ESCRITORES ESPAÑOLES


Los diputados desprecian a los escritores.

El parlamento desdeña las estafas editoriales, que impiden que la literatura española actual cuente en el mundo

A los políticos, los escritores no les importamos nada de nada.

Escribir en España no sólo es llorar, también es antieconómico.

Lista negra editorial de los escritores que pedimos que nos paguen.

Larra decía que “escribir en España es llorar”. Se puede añadir que España opta oficialmente por no hacer negocio con la segunda industria editorial más poderosa del  mundo. En Barcelona sobre todo, se editan muchos títulos y bastantes volúmenes, pero las leyes están arregladas para que las editoriales no tengan obligación de pagar a sus escritores españoles. Pero a los escritores no nos permiten sobrevivir de nuestro trabajo y el gobierno no cobra los impuestos que debería cobrar con una industria tan extensa. Todo el mundo en Barcelona, periodistas incluidos, saben que las editoriales se quedan con el dinero de sus autores españoles, pero nadie critica porque gran parte de los medios PERTENECEN A EDITORIALES. Se ha creado un círculo vicioso por el que los escritores españoles tenemos que aceptar ser estafados para poder publicar y, si reclamamos nuestro dinero, se nos inscribe en una LISTA NEGRA EDITORIAL y ya no existe la menor posibilidad de volver a publicar.

Hace siete años que no porque, porque decidí no publicar más con la estafadora Roca Editorial (que me había defraudado más de 125.000 euros por cuatro novelas) y después no ha querido contratarme ninguna otra, aunque tengo nuevo novelas publicables de inmediato, unos cien relatos cortos, poemas, versos, teatro y demás.. A pesar de ese silencio editorial, aún me escriben aficionados para pedirme consejo; respondo siempre que se busquen editoriales FUERA DE ESPAÑA

Con el consentimiento pleno del Gobierno, el Parlamento, los diputados, las autoridades y los partidos políticos, en España sólo pagan una pequeña fracción de los derechos de propiedad intelectual; es decir, la mayoría de las editoriales fingen pagar los derechos, pero calculando las liquidaciones en base a los movimientos con los distribuidores, y consignan “devoluciones” imposibles de libros (las devoluciones provisionales de los distribuidores), porque liquidan lo contratado solamente sobre la base de un 30% del P.V.P. del libro.

Muchas de las liquidaciones que me hizo Roca Editorial presentaban saldo NEGATIVO PARA MI; o sea, que YO TENÍA QUE PAGAR A ROCA, habiendo vendido más de 2.000 ejemplares según esa liquidación en concreto.  Los contratos no prevén alguna posibilidad de esa clase.

De todo lo que se habla en los contratos es del porcentaje que le corresponde al escritor del precio de venta el público de su libro, que para eso va impreso tal precio en la portada.

 Esta situación es posible porque la ley española de propiedad intelectual es gravemente defectuosa; entre otras extravagancias, no considera delito que las editoriales incumplan sus contratos. Si un escritor estafado como yo decide denunciar a la editorial, sólo conseguiría que un juez dictaminara un juicio de faltas, donde la editorial sólo podría ser castigada a pagar una multa y JAMÁS a DEVOLVER LO ROBADO AL ESCRITOR.

Sé que algunos escritores españoles se permiten exigir a su editorial registras el contrato en una notaría, lo que ofrece algunas garantías de cobrar. De otro modo, no hay tutía. Y hay de ti si exiges a la editorial ir al notario; te mandará a tomar por el culo.



Quienes publicamos en España cobramos en realidad MENOS DEL 3% DEL PRECIO DEL LIBRO, es decir MENOS DE LA TERCERA PARTE DE LO QUE NOS PERTENECE. Al menos, es lo que ha hecho conmigo ROCA EDITORIAL.

El gobierno y todas las instituciones lo permiten. Debe de ser porque los escritores NO SOMOS ELECTORALMENTE SIGNIFICATIVOS. Somos muy pocos y los diputados no consideran que deben hacernos caso, AUNQUE LA LITERATURA ESPAÑOLA SE HAYA VUELTO INSIGNIFICANTE A ESCALA MUNDIAL.

sábado, 9 de febrero de 2013

Cómo evitar la angustia del folio en blanco.

La angustia del folio en blanco. 

Mi paisano Picasso afirmaba: “La inspiración siempre me pilla trabajando”.

Esta verdad es fácil de descubrir por uno mismo, como explicaré en las tres charlas que pronunciaré próximamente en el ATENEO DE MÁLAGA.. 

De momento, podemos experimentar con el siguiente ejercicio:

1-Abordar el teclado sin pensamiento alguno, porque sí, sin haber meditado sobre nada ni haber decidido nudos ni secuencias. A ver qué pasa.

2-Pensar unos momentos en lo que se desea contar, esbozando las situaciones y los personajes. Tratar de imaginar unos escenarios, personajes, personalidades, caracteres, conflictos. Tomar una decisión y elegir el camino.
Al comenzar a escribir, las palabras brotarán solas. Habrá llegado la inspiración... y nos habrá pillado trabajando, como a Picasso.

viernes, 8 de febrero de 2013

EL SUICIDIO DE MÁLAGA. 1 La arqueología


Acabo de enterarme de que tenemos en Málaga un “parque arqueológico prehistórico”. Lo he sabido navegando por internet, y me he llevado una alegría imponente. Pero…

Como Antonio Machado, “he andado muchos caminos”, y en pocos sitios he visto una población más apocada y autodestructiva que la malagueña.
Empezando por el mito de un “desarrollo industrial” del siglo XIX y acabando por la sílaba “tech” añadida a unas cuantas “iniciativas” que nunca se concretan en realidades prácticas, me parece que no hay en el mundo una población más autoestafada que la malagueña. Auto engaño que produce una distorsión capaz de engendrar monstruos.

LA CATEDRAL NO DEBE TERMINARSE, PORQUE SIEMPRE LA HE VISTO ASÍ. Este fue el “razonamiento” de unas señoras del Paseo de Sancha, que se oponían a la continuación de la obra de la catedral. Una catedral de difícil clasificación, pero que sería espectacular terminada, con su altura tan infrecuente, sus seis torres, sus cúpulas, sus estatuas, sus hornacinas ocupadas y su espadaña barroca. La catedral a medio construir (que ya se cae a cachos) es una metáfora indigesta del proceder autodestructivo de este pueblo que se ha ganado a pulso el prejuicio “malagueño es el peine pa que no peine”. Para mayor intríngulis, una caterva de “intelectuales” se empeña en desmentir el muy probable asunto de la obra interrumpida por la guerra contra los ingleses en Florida. Yerran quienes busquen en los archivos del cabildo una partida denominada algo así como “donativo para independencia de los Estados Unidos”; se empecinan en ignorar la influencia poderosísima de Ana de Zayas (ex virreina de México y madrastra de Bernardo de Gálvez) en la iglesia malagueña de 1770.

EMBOVEDADO DEL GUADALMEDINA.
Más de 150 años de experiencia en grandes ciudades ribereñas del Mediterráneo no le bastan a Málaga para ver con claridad que necesita una integradora gran avenida/paseo en el lugar que hoy ocupa el funesto y horroroso torrente del Guadalmedina. Todavía discutimos sobre si embovedarlo sí o no, cuando ya en 1968 Ángel Herrera Oria clamaba “¡Tapad el Guadalmedina! Como estudiamos muy poco nuestra propia historia, apenas recordamos que hace más de 300 años que la ciudad suplica librarse de esa lacra en la mitad del medio del meollo urbano. Lo último, un concurso manipulado por la fuerza que lleva 32 años bloqueando, combatiendo y entorpeciendo el progreso de Málaga; el concurso estaba convocado por una institución supuestamente neutral, de la que forman parte varias instituciones, pero que es mangoneada a machamartillo por quienes han demostrado de sobra no querernos ni en pintura. Aunque a muchos no nos sorprendió, el resultado del concurso expresó muy claramente lo que ocurría. Fue premiado un arquitecto “empleado oficioso” del poder convocante (autor de varios desaguisados en Málaga), quien presentó un proyecto que obedecía las imposiciones políticas de ese poder, igual que hacían TODOS LOS PROYECTOS FINALISTAS. Lo que de ninguna manera era una desagradable casualidad; la imposición de normas no incluidas en las bases, el engaño sobre la supuesta “idoneidad” de una obra con muchos más inconvenientes que ventajas y el premio otorgado de antemano, la población malagueña se los tragó según parece. Lo que no elimina que la ciudad tendrá que conseguir su gran avenida/paseo central algún día. 

VIDA CULTURAL
Los que ya le vemos el culo a la parca, recordamos cuánto nos costó que hubiera universidad en Málaga, sobre todo por la oposición ACTIVA de Sevilla y Granada. Hoy todo el mundo tiene universidad, hasta pueblecitos insignificantes, pero hace cuarenta años Sevilla consideraba que la quinta ciudad más poblada de España no debía tenerla, porque a ella le quitaría una parte de su negocio. Costó el ciento y la madre que se fundara en 1972 la Universidad de Málaga. A partir de ese día, nos las prometíamos muy felices; encontraríamos muy pronto el camino para borrar lo de “las mil tabernas”… Pero menos de una década más tarde, la universidad de Málaga cayó bajo la férula de los que habían sido sus mayores enemigos. Desde entonces, no han parado de minimizarla mediante presupuestos injustos y marginadores, y nombramientos inconvenientes. Quintacolumnistas. Igual que en la alcaldía, el poder dominante no quiere malagueños en el rectorado; se nos hace tragar una directora procedente de un recóndito rincón de Castilla a quien nada le duele Málaga ni los malagueños. Se nos engaña con otro etéreo proyecto “tech” sin resultados prácticos y no mueven EN ABSOLUTO ninguno de los resortes indispensables.
UNO es el conocimiento de nosotros mismos. Hay ya más de generación y media de jóvenes que apenas saben quiénes somos ni cómo no las valemos. Un expresivo ejemplo: hace varias semanas, y  bajo la noticia de la inauguración del Hotel Plaza del Castillo, un joven escribió el comentario siguiente: “venga inaugurar hoteles, en vez luchar contra el paro ”(¡)
OTRO es el enojoso asunto de la arqueología. Dentro del municipio y aun dentro de la ciudad contamos con importantes puntos que merecen investigarlos a fondo. El Cerro de la Tortuga puede depararnos enormes sorpresas. El Cerro del Villar, hace años que mantiene oculta bajo plásticos y sembrados la mayor y mejor conservada ciudad fenicia de España y probablemente de Europa. La ladera oeste de la Alcazaba presenta todavía demasiados enigmas arqueológicos, como la zona de factorías de salazones y garum, comprendida entre el teatro romano y calle Beatas. Y la muralla fenicio/romana, de la que se exhibe un interesante paño en el propio rectorado, continúa enterrada a través del banco de España y el ayuntamiento, más las dos calles intermedias, sin que caten siquiera los suelos.
Pero, al parecer, lo más interesante desde la perspectiva antropológica son los acantilados y cavernas de la Araña y alrededores. Así se desprende de las fotos y textos de una página web que he encontrado esta mañana por casualidad. Con un encabezado que alude un inmaterial “Parque arqueológico de Málaga”, da la tristísima impresión de que a las personas que realizan las prospecciones no se les dota ni mínimamente. La página es la siguiente:


miércoles, 6 de febrero de 2013

CUENTOS DE MI BIOGRAFÍA


El titulado "MANGLARES", que podéis leer a continuación, es el que más trabajo me ha costado escribir hasta ahora

martes, 5 de febrero de 2013

MANGLARES. Nuevo "Cuentos de mi biografía".


 

Cuentos de mi biografía
15 – MANGLARES

Nunca había visto paisajes más bellos ni más multicolores; muchos rincones venezolanos me parecían únicos, al menos nunca los había visto parecidos; algunos de los bosques que ellos llamaban “selva” eran extraordinarios, con ejemplares increíbles de árboles y plantas; había numerosas variedades de orquídeas maravillosas; el clima de la costa era tropical caluroso, pero el de Caracas era como si tuviera aire acondicionado de hotel de lujo. Todo el país presentaba una gama interminable de colores, pero al volver para comenzar a vivir permanentemente en Venezuela mi ánimo se volvió de color petróleo.

Para aquellas personas que tan fastuosamente me habían atendido durante mi visita “turística”, ahora no se trataba ya de atender a un visitante que pronto se iría. Yo no constituía una novedad y había dejado de estar revestido con el halo del exotismo improbable. Me enfrentaba a la vida real, a partir de ahora no pasaría días tras día y semana tras semana en maravillosas excursiones en yate ni en travesías en jeep por la selva, amparado por los mimos y la solicitud de cuatro o cinco personas. Que siempre habían sido hombres. La gelidez de la nieve negra de Nueva York ya no traspasaba mis mocasines, pero encontraba una frialdad imprevista en el trato de la gente que pocos días antes me obsequiaba y halagaba como a un rey. 

Fue como caer de una nube. Durante mi mes de turista, me habían impresionado tanto Chichiriviche y los manglares de Barlovento y Chirimena, que deseaba regresar cuanto antes a uno de esos sitios. Sentía enormes deseos de volver a navegar en lancha por los canales, bajo el estrepitoso toldo multicolor de las bandadas de loros y cotorras. Me habían dicho que pasaban de doscientas las especies de loros existentes en el país, y yo creía haberlas visto todas durante el fabuloso mes de visitante. Bandadas que teñían el cielo de rojo; bandadas que volvían azul metálico el firmamento. Bandadas tan nutridas, que ocultaban el sol. Esas aves de todos los colores eran las verdaderas amas de extensos parajes venezolanos.

Ante mi solicitud de una nueva excursión, Pepe me respondió que tendría que esperar a valerme por mí mismo:

-Cuando trabajes y puedas comprarte un carro o alquilarlo, podrás ir por tus propios medios.

Habían terminado mis privilegios de visitante provisional. Hasta noté que modificaban sus expresiones. No percibía curiosidad en sus miradas ni el entusiasta propósito de complacerme. Mi relación con ellos había dejado de ser provisional, pues me había convertido en un inmigrante más que, tal vez, podría ser competidor en algún sentido. La expresión que más había mudado era la del misterioso Fraga, que se había vuelto elusiva, como si existiera alguna cuenta pendiente entre los dos que a él le hiciera avergonzarse; tardé en comprender que él era un intruso en las prerrogativas de los otros tres y me veía como un competidor que pudiera disputarle el puesto o hacer resaltar demasiado su intrusión.

Pasé varios días sintiendo una incomodidad que no sabía explicarme. Aquellas personas que habían sido parte fundamental de mi decisión de abandonar Nueva York y volver, resultaba ahora que no debía contar con ellas. Que no podía contar con ellas. Caracas era una ciudad tan difícil como todas las demás, no era lo que me había parecido durante mis frías dificultades de Nueva York, la especie de “fuente de la eterna juventud” y “paraíso soñado” en pos de los cuales había regresado. Había sufrido un espejismo, fruto de mi entonces ignorada necesidad de tener a quien amar y en quien confiar; yo no era consciente entonces de lo que me estaba perdiendo: los placeres de juventud, el amor, la compañía, la solidaridad… Ahora, tantos años después, reconozco que abandoné Nueva York, donde dispuse del privilegio legal que millones de hispanoamericanos soñaban, y regresé a Caracas por la belleza de los manglares pero mucho más por la belleza de compartir mi vida con otra gente.

Pepe y su padre vivían en un piso pequeño para los usos sudamericanos, donde hallan inconcebibles los espacios donde moramos los europeos. Se trataba de una vivienda pequeña según los estándares, pero mi habitación era la más grande que había ocupado en ningún sitio. El dormitorio de Pepe no estaba demasiado cerca y aun quedaba en el medio una habitación que usaban como almacén. Debo confesar que sufrí episodios de insomnio la primera noche, alerta por la expectativa de que Pepe pudiera entrar en mi cuarto en el momento más inesperado. Pero no ocurrió. El insomnio me martirizó varias noches más, por no haber esperado lo inesperado en el retorno al paraíso gozado un mes. La mañana siguiente, me desperté ojeroso; el padre me ofreció un café, al tiempo que me decía:

-Aunque te parezca mentira, hay una churrería aquí al lado.

No me hacía falta nada más para interpretar que tendría que desayunar por mis medios. Pero a causa de mi decepcionante impresión de regreso, estaba desenfocándolo todo, porque al regresar de desayunar unos churros rarísimos, encontré a Pepe comiendo una arepa; se apresuró a preguntarme:

-¿Dónde habías ido? Te hemos esperado para desayunar, pero ya no podía demorarme más, porque es la hora de trabajar.

Pepe era barbero. Tenía un local pequeñito, con solo un sillón; sin embargo, el sofá de la espera estaba siempre ocupado por dos o tres hombres. Sorprendentemente, Pepe no paraba ni un momento durante todo el día y siempre tenía que prolongar su jornada por algún rezagado que se lo rogaba. Me pareció comprender por qué se entrenaba tanto en el gimnasio de pesas; nadie que no fuera tan fuerte como él podía resistir tantas horas de pie, sin cansarse.

-No me canso en absoluto –respondió cuando le pregunté.

-Claro, tienes muslos de elefante…

Pepe me miró con lo que pareció brevemente enfado. Pero esa noche y los siguientes dos o tres días me di cuenta de que se exhibía a todas horas en calzoncillos o bañador, dejando ver sus muslos. No se había enfadado, pero tardé todavía algunas semanas en comprender lo que significaba en realidad aquella mirada tan intensa.

Actualmente, me resta muy poco tiempo; no he comprendido hasta ahora cuánto me he perdido, cuánto he rechazado el amor, cuántas personas me han amado sin que yo les abriera la puerta. Pepe no encajaba ni de lejos en lo que yo pudiera considerar adecuado o accesible para mí. De ningún modo podía creer que alguien de sus características físicas pudiera amarme o, por lo menos, desearme. Evitaba mirarlo de modo contemplativo; en realidad, lo miraba muy poco, sobre todo cuando iba del baño a su dormitorio sin cubrirse, sin ninguna clase de pudor. Pero lo que había visto ya era suficiente para considerar que su cuerpo era lo más cercano a la perfección de las estatuas que estudié en Italia. Y su cara era también hermosa, a su manera intensamente viril. Nadie con tales características podía estar al alcance de mis deseos. Nadie así podía amarme.

Toda mi vida he creído que no merecía recibir regalos, ni elogios ni concesiones. Mis padres se empeñaron de niño en hacerme creer que sólo pagando conseguiría placeres y gestos de amor. Enseñanza que he seguido fielmente durante toda mi vida. Nunca he consentido que me amen. Nunca.

Siempre he rechazado, a causa de creerme siempre tan rechazado. No tenía nada que esperar en Venezuela, tampoco en Venezuela. ¿Me había equivocado en Brasil con Xico, exagerando el miedo a la Umbanda? ¿Había cometido un acto de inconsciencia absurdo, apartando a Xico de mí?

Era demasiado improbable que pudiera dar de nuevo con alguien como Xico. Desde los enfoques de mis prejuicios, la sospechada devoción de Pepe tenía algo de ilegítimo, como si al intenta seducirme, procurase una relación pedófila; lo cual era un disparate, puesto que yo tenía veintiocho años y aunque él me pareciera mayor, no pasaba de los treinta y cinco.

Pero tuve que aplazar tales ideas y temores, porque mi única preocupación debía consistir en  conseguir un empleo. Sólo cinco semanas antes, había rechazado el empleo que me ofreciera el director creativo de J. Walter Thompson, porque por aquellos días no tenía el menor propósito de permanecer en Venezuela. Ahora, ¿podía ir a pedirle que me ofreciera de nuevo trabajo? ¿No había detectado en aquel hombre la evidencia de un deseo ilícito, como el que yo le atribuía a Pepe sin razones consistentes?

Sabía ya que nadie en otros países se carga de tantas culpas como nos cargamos los españoles, por la influencia atroz de enseñanzas religiosas muy ignorantes. En los trópicos, y en general en toda Hispanoamérica, los hombres no tienen reparos en proporcionar placer a algún amigo que se lo solicite, y nadie elude con firmeza tales ocasiones. Yo, sin embargo, no había conseguido desatar las ligaduras mentales que me habían impuesto en España, aunque llevaba más de cinco años viviendo en otros lugares. Mi vida ha sido así siempre, hasta ahora: una incansable negación de mí mismo; una renuncia masoquista y obcecada a cuanto me pueda complacer.

En Río de Janeiro, y también en Buenos Aires, había experimentado muchas veces la sorpresa de que, al cruzar brevemente la mirada con un hombre que estaba acompañado de su mujer o su novia, viniera un poco después tal hombre a proponerme una cita. A pesar de ello, persistía en el empeño de reprenderme y hasta martirizarme a mí mismo. ¿Podría rendirme al deseo alguna vez? ¿Podía sugerir al director creativo de J. Walter Thompson que iba a corresponderle, a fin de conseguir el empleo?

No, no podía. Todos los rincones de mi conciencia y todas las moléculas de mi cuerpo me lo impedirían.

Decidí dejar para más adelante la posibilidad de volver a J. Walter Thompson y me afané presentándome en todas las agencias publicitarias caraqueñas que tuvieran alguna importancia. A despecho de mis angustias, noté en seguida que un par de agencias iban a llamarme para contratarme. No afirmaron nada, pero al reflexionar al fin del día, saqué esa conclusión, que no me produjo júbilo.

Porque durante ese día había visto y presentido lo suficiente como para que el alerta molecular de mi cuerpo se pusiera al rojo vivo. Las personas que me habían entrevistado, las que había visto en los cafés, dos tipos que había a mi lado ante el mostrador de una arepera, Pepe durante el almuerzo… Con tanto como necesitaba un empleo con urgencia, los arneses paralizantes que me había puesto mi “educación” española comenzaron a ahogarme en cuanto me acosté. Entre duermevelas y pesadillas, y a despecho de llevar ya casi siete años considerándome ateo, un río de culpa como lava se deslizaba abrasadoramente por mi pecho.

No iba a ser capaz de vivir en Venezuela bajo esa tortura. Pero después del mes turístico, el intento en Nueva York y los tres pasajes de avión, no me quedaba apenas dinero. Creo que conservaba sólo unos ochenta dólares.

Estaba obligado a romper mis ataduras o, por lo menos, librarme brevemente de ellas a fin de echar a andar en Caracas.

¿Conseguiría trabajar antes de verme obligado a confesar mi ruina a Pepe y su padre?